Victoria Lafora – Sobrao.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Tiene razón el candidato Cañete cuando, en un alarde de sinceridad, confiesa que se contuvo en el debate con Valenciano. Esas frases ininteligibles, esas manos temblorosas con las que hacía tremolar los papeles a los que se agarraba para no perder los nervios, delataban su titánico esfuerzo para no demostrar el desprecio que le producen las mujeres en particular y cualquiera que no sea de su casta, en general.
Tan convencido está de su supuesta «superioridad intelectual frente a una mujer indefensa» que lo ha contado a los cuatro vientos, cometiendo un error político que le perseguirá allá a donde vaya. Cuando sea comisario en Europa, porque ese es su destino y no el quedarse de simple parlamentario en Estrasburgo, sus colegas de ese género que tanto desprecia le van a mirar con lupa.
Los asesores de campaña del PP deben estar a estas horas tirándoselo de los pelos ante semejante estulticia, con la que ha dado una poderosa munición a la candidata socialista y al resto de fuerzas políticas. La pregunta es: ¿ cómo un señor que se considera tan por encima del resto de los mortales puede decir semejante idiotez? Seguramente Cañete ignora que intelectual es aquel que se dedica al estudio y la reflexión crítica sobre la realidad, no el que traza su discurso sobre gracietas de dudoso gusto o chascarrillos con los que ocultar su ignorancia. Pero, si después de oírle decir que » al regadío hay que usarlo como a las mujeres, con mucho cuidado, que le pueden perder a uno», el Partido Popular decidió que era su mejor imagen para Europa es que tienen un problema, o que todos piensan lo mismo.
Valenciano le recordó la frase anterior en el curso del debate. El respondió que la habían sacado de contexto pero no alcanzo, pese a su superioridad intelectual, a discernir lo que tenía de profético. Efectivamente, las mujeres le pueden perder a uno, como le acaba de ocurrir a el. Será comisario, puede que vuelva a ser ministro, pero el ridículo le perseguirá como su sombra. Por cierto ¡vaya papelón el de la vicepresidenta del Gobierno, amparandose en su figura institucional para no comentar la insultante declaración del, hasta ayer, compañero de gabinete! Eso si, deja caer presuntas agresiones hacia ella que no precisa ni detalla. Soraya Sáenz de Santamaría se cree perseguida y acosada y debería decir cuando y por quien para que nos solidarizáramos también con ella. Menos mal que Cañete, en su afán por buscar públicamente una explicación a su nerviosismo en el debate, no se le ocurrió comparar a su oponente con la «manteca colora» que, a su juicio, está para chuparse los dedos. Aún así, sería deseable que las mujeres de este país, a la hora de depositar la papeleta en las urnas el próximo domingo, recuerden la consideración que de ellas tiene el candidato popular.
Por ultimo, los asesores socialistas deberían decirle a Elena Valenciano que en un debate no es de buena educación reírse ni hacer comentarios despectivos mientras habla el contrario. Si se pacta que no puedan interrumpirse, se escucha en silencio y luego se rebate con argumentos. ¡ Si lo tenía muy fácil frente a un «sobrao» perdona vidas!

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