A vueltas con España – ¿Vale todo en el debate político?.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

José Manuel Castelao, del PP, dimitió como presidente del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior tras difundirse que en una conversación con otros consejeros dijo que «las leyes son como las mujeres, están para violarlas». Fue lo correcto.
Miguel Arias Cañete, también del PP, ha dicho que «si abusas de superioridad intelectual, pareces un machista con una mujer indefensa», refiriéndose a la candidata socialista Elena Valenciano, y lo menos que podía hacer era pedir perdón. De entrada, el socialista Rubalcaba ya ha instado a la vicepresidenta del Gobierno -¿por qué no al presidente del PP?- a pedir el cese de Cañete por su «machismo reincidente».
Es posible que las palabras de Cañete formen parte de una estrategia de campaña, partiendo de que así el PP distrae la atención de otros problemas y de que el precio por descalificar completamente a Elena Valenciano no será muy alto en las urnas -la política se hace así a veces, de manera sucia-, pero hay líneas rojas que en una democracia no deben cruzarse. Incluso aunque no haya coste electoral, que puede no haberlo.
Sea uno sea un machista convencido -en el año 2000 ya dijo que «el regadío hay que utilizarlo como a las mujeres, con mucho cuidado, que le pueden perder a uno»-, Cañete se ha equivocado en su carrera europea. Queda personalmente mal, compromete al PP -partido de gobierno en España- y deja España en mal lugar en Europa. Un líder de un partido que conforma la centralidad política de un país no debe jugar en la liga de los radicales. ¿O acaso vale todo en el debate político?

Ni el Parlamento Europeo, por débil que sea; ni la Unión Europea, por injusta que resulte en estos momentos, ni España, por muy desorientada que esté, ganan nada con posiciones como la de Miguel Arias Cañete, quien por encima aspira a ser comisario de la Comisión Europea. No vale decir que no pasa nada y que en el electorado duro del PP esas cosas no se acusan. Porque sí pasa algo: con actitudes como la de Cañete, España retrocede en el tiempo. No avanza. Ni siquiera él, aunque gane las elecciones.

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