Fermín Bocos – Fútbol y Política


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Solo tres de cada diez españoles saben que Herman Van Rompuy es el presidente del Consejo Europeo, pero todos saben quién es Cristiano Ronaldo. Es lógico. Los medios hablan todos los días de fútbol. La Champions League es un negocio que levanta 900 millones de euros -entradas, derechos televisivos, patrocinios comerciales, venta de camisetas, etc.-, mientras que la política europea, apenas ocupa espacio fuera de las secciones de política general de los periódicos.
Europa se ve lejos y el fútbol cerca. Lo próximo motiva. Bruselas y Estrasburgo están lejos. Lejos y sólo para especialistas y lobbystas. El gran público permanece en sus rutinas. La gente habla de lo que conoce y para hablar de fútbol no hay que hacer un máster. Entender cómo funcionan y para qué sirven las instituciones europeas, lleva su tiempo. Y es mucho más aburrido que opinar sobre el supuesto pasotismo de Messi, la ilusión de Casillas por conseguir la Décima o las raíces «filosóficas» del «cholismo». En las legislativas nacionales (marzo de 2004) la abstención fue del 24,3%. En las europeas, celebrados en junio del mismo año, subió hasta el 55 %. Treinta puntos más. Se estima que hasta 500 millones de telespectadores podrían seguir la final de la Champions de Lisboa entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid.
Todo en esta vida tiene una explicación. El fútbol, como el circo, cuando Roma era «caput mundi», es un espectáculo concebido como válvula de escape; aliviadero de las tensiones sociales. Más de 100 días de circo con entrada gratis y dos chuscos de pan de trigo- de ahí lo de «panem et circenses» de la sátira de Juvenal- estableció el emperador Aureliano para tener entretenida a la plebe. Entretenida y alejada de la política. Salvo por el hecho de que ahora es la televisión la que prolonga las gradas globalizando el espectáculo, nada ha cambiado. La filosofía de fondo es la misma: tener contenta (y entretenida) a la gente con algo que compense las carencias y tensiones de la política. Mientras esté pendiente del fútbol, una parte de la gente «pasa» de la política. Es decir, renuncia -índices muy altos de abstención- a escrutar y, eventualmente, a sancionar con su voto a los políticos. Todo está estudiado. Casi nada sucede por casualidad.

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