A vueltas con España – Más que nada pero poca cosa


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Europa es cada vez más importante para España, es verdad, pero en cambio los españoles -ni sus partidos ni sus ciudadanos- se toman muy en serio las únicas elecciones que hay en la Unión Europea. Parecen ver en el Parlamento Europeo algo más parecido a la Asamblea de las Naciones Unidas que al Congreso de los Diputados. Puede que otros incluso tengan la misma sensación rimbombante pero ajena que les produce el FMI. Saben que tiene mucha influencia económica en el mundo pero no saben cómo se gestiona.
Si alguien es responsable de ello no es el ciudadano de a pie, que a su falta de conocimientos une la desconfianza, sino quienes realmente gobiernan -de verdad- la Unión Europea: Alemania, sus aliados y los mercados. Dicho en otras palabras, el Consejo Europeo y el Banco Central Europeo (BCE), cuyas preocupaciones son el mercado interior y la política monetaria; léase el euro.
Todo lo demás, siendo importante, no es trascendente. Hay muchas maneras de explicarlo pero hay una fácil de entender: mal puede resultar trascendental todo lo demás cuando el presupuesto comunitario apenas representa el 1% del PIB de los 28 países que conforman la Unión Europea. Y, por si fuera poco, dos partidas de ese ridículo presupuesto, la política agrícola común y las políticas de cohesión, acaparan el 80% del mismo.
¿Votamos este domingo para influir en el BCE? No, porque el BCE no es democrático; en la práctica lo controla Alemania y en Alemania solo votan los alemanes. ¿Votamos para determinar el Consejo Europeo? No, porque para eso votamos en las generales y/o presidenciales de cada país, cuyo resultado produce la composición del principal órgano de gobierno de la UE. ¿Entonces para qué votamos? En síntesis para dos cosas: para elegir los miembros del Parlamento Europeo, que legisla con el Consejo Europeo en codecisión para la mayor parte de la legislación comunitaria, y para elegir al presidente de la Comisión Europea, una especie de ejecutivo de la UE que controla la burocracia de Bruselas, bajo la presión de 1.700 «lobbies» dedicados a influir. Es más que nada, pero es muy poca cosa.
Si hubiera más Europa, la gente seguramente votaría en mayor medida y con más responsabilidad.

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