No te va a gustar – Un fenómeno televisivo


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Si he de decirle a usted la verdad, lo que menos podía imaginarme es que una formación como «Podemos» fuese capaz, en apenas cuatro meses y con la desorganización que evidencian, de obtener más de un millón doscientos mil votos y cinco escaños en las elecciones europeas del pasado domingo. Tan europeas les parecen a «Podemos» estas elecciones que lo primero que declaró su líder, Pablo Iglesias, tras conocer sus magníficos resultados, fue que su principal objetivo es «echar del poder» a PP y PSOE. Así que hablamos en clave pura y simplemente nacional: quieren echar a «populares» y socialistas, lo que evidencia un deseo poco constructivo y menos aún europeísta, aunque también evidencie una comprensible reacción indignada ante muchas de las cosas que ocurren.
Minimizar el alcance de «Podemos» y de su dirigente como fruto de un mero fenómeno televisivo sería no entender bien el alcance de lo que está pasando en este país. Y conste que, como periodista, me rebelo ante el aprovechamiento que algunas personas hacen de tertulias, y de otros fenómenos que deberían ser meramente informativos, para «dar el salto a la política». Ha sido el caso de Pablo Iglesias, y no solamente el suyo, como bien entiende, sin duda, el lector. Pero hay más: el mensaje cala en una parte de la población. Un mensaje que ni puede simplificarse diciendo que es antisistema o «friki» ni puede considerarse limitado a una edad y a un estatus social o a una condición de parado-desesperado.
Hay afán de cambio bastante drástico en una parte de la ciudadanía, aunque algunos comentaristas nos hayamos empeñado -yo, al menos, entono el «mea culpa»- en percibirlo solo a medias. Y creo que, al menos, los socialistas, con la elegante renuncia de Rubalcaba tras el (merecido) desastre y tras la valiente admisión de una derrota «sin paliativos» por parte de Elena Valenciano, han comenzado a entender un mensaje que no parece calar, aún, en las filas del «victorioso» PP. Ni en las de IU o en las de UPyD, fuerzas emergentes cuyas primeras reacciones de «contento», lo confieso, me han dejado algo frío.
Claro que no comparto ni ideario, ni tácticas, ni estrategia con «Podemos». Pero algo está ocurriendo cuando millones de votantes abandonan a sus formaciones «tradicionales» y se lanzan o a la abstención o a soluciones «menores» y no probadas ni contrastadas. Hay mucha gente que quiere pegar una patada en las espinillas del poder establecido y ven en Pablo Iglesias y su gente a alguien capaz de propinarla. Lástima que la política de un país se haga votando «a quien más les duele» (ha ocurrido también en Cataluña). Lástima que nadie parezca darse cuenta de ello en los ámbitos monclovitas. Lástima que la palabra «regeneración» siga sin entenderse en su cabal significado y, como mucho, se interprete como un «vamos a echar» a los establecidos. Algo estamos haciendo mal, muy mal, casi todos en esta era en la que los votos se ganan con ciento cuarenta caracteres y mucho, mucho griterío y pocas ideas en algunos programas de televisión.

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