Fermín Bocos – Decisión precipitada


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Acerca del alcance político de la abdicación del Rey a la Corona de España no hay dudas: es un acontecimiento histórico. Pero nos falta información para conocer el detonante de la decisión tomada por don Juan Carlos. La precipitación a la hora de informar (sin preguntas) de un acontecimiento de esta naturaleza, repito: un hecho llamado a pasar a los libros de Historia, invita a pensar que nos faltan elementos para saber por qué Don Juan Carlos elige este momento para poner fin a su reinado. Lo escueto de la carta en la que el Rey comunica al Presidente del Gobierno su decisión -en la misiva no se menciona al Príncipe de Asturias- añade otro elemento más a la idea de la precipitación con la que se están desarrollando los acontecimientos. Es verdad que la Constitución que establece el carácter parlamentario de la Monarquía traslada al Parlamento la iniciativa de proclamación oficial del sucesor a título de Jefe del Estado, en este caso en la persona del Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón, pero, ya digo que sorprende la ausencia de mención.
Hablo de precipitación porque sin ir más lejos la última noticia sobre el Príncipe le situaba de regreso de un viaje oficial a El Salvador. Tiempo habrá para conocer el recorrido que ha tenido el proceso. Proceso que ha pillado por sorpresa tanto a la clase política como a los medios. Incluyo al propio Gobierno, vistas las previsiones de la agenda de La Moncloa o sin ir más lejos la del ministro de Defensa que tenía previsto asistir el martes a la reunión de ministros de la OTAN. Sobre la cuestión de fondo: la idoneidad del momento y lo acertado de la decisión, se abren diferentes registros de reflexión. Desde los que remiten al estado del salud de don Juan Carlos -precaria a ojos vista pese a las reiteradas proclamas acerca su recuperación-, a los que ponderan el peso de las encuestas acerca de la declinante popularidad de la institución monárquica en general y de la figura del Rey en particular.
No es ocasión de volver sobre episodios y escándalos que han contribuido a forjar esos estados de opinión -desde el asunto de Botswana al caso Urdangarín- pero lo que certifican los últimos barómetros del CIS es una línea constante de desafecto. En paralelo todos los estudios demoscópicos constatan el auge del sentimiento republicano. En éste último registro habría que incluir los resultados de las elecciones del 25 M, en algún caso sorprendentes por su fuerza y novedad. Volviendo al núcleo de las consecuencias políticas que plantea el anuncio de la abdicación convendría ser prudentes y no dar por zanjado el episodio hablando de normalidad institucional visto que la decisión llega en un momento de notable tensión social con muchas reverberaciones políticas. Es verdad que la mayoría parlamentaria que sustenta al PP a la que, en principio, habría que sumar al PSOE, la segunda fuerza, garantiza que las Cortes puedan aprobar sin sobresaltos el relevo en la jefatura del Estado, pero no es menos cierto que los socialistas están inmersos en una crisis profunda de liderazgo y que en su seno hay voces de distinto registro. Que el PSOE apoye el relevo en la persona del Príncipe de Asturias, me parece clave en este asunto, pero recordemos que Rubalcaba está de salida y no todos en el partido renunciarían a ser consultados acerca de la forma de Estado.
No me cabe duda de que el resto de las fuerzas parlamentarias de izquierdas, minoritarias en el Congreso, pero crecidas a raíz de los resultados de las elecciones del 25 M, van a aprovechar la nueva situación para reclamar que se consulte al pueblo acerca de la forma de Estado. A la luz de la actual correlación de fuerzas: no prosperará, pero será origen de un foco de tensión y debate en la vida pública española. Por otra parte, teniendo como tenemos en perspectiva la convocatoria en Cataluña de una consulta independentista (ilegal, pero mantenida), la abdicación de don Juan Carlos -pese a sus errores, un referente tras treinta y nueve años de reinado-, a mi juicio introduce un elemento de fragilidad en todo el entramado institucional.
Por resumir mi opinión sobre este asunto: estamos ante un hecho que por su trascendencia debería haber sido objeto de maduración. No me atrevo a hablar de improvisación, pero sí de precipitación. El tiempo dirá si, pese a todo, el relevo discurre, por los cauces institucionales. Sería de interés general que así fuera.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído