Al margen – El Rey y las preferentes


MADRID, 09 (OTR/PRESS)

Una pareja de amigos, ambos invidentes, tienen mañana la vista previa de su demanda contra Bankia para recuperar los ahorros de toda la vida que Caja Madrid les sustrajo mediante la estafa de las Participaciones Preferentes. Hace dos años y medio que la Caja de Blesa y Rato, integrada luego en lo de Goirigolzarri, se tragó el fruto del trabajo y del esfuerzo de mis amigos, que por ser ciegos han sido más duros y descomunales si cabe que los de la media de las víctimas del despojo institucional que orquestaron las Cajas controladas por el PP con la cooperación necesaria del resto de la clase política, la empresarial y la sindical presente en sus consejos de administración, pero en tanto la máquina del Estado ha funcionado a tope para cambiar un rey por otro en cuestión de días, esas víctimas del Estado mismo, mis amigos ciegos entre ellas, aún habrán de esperar semanas, meses, años incluso, para que el último vestigio reconocible de civilidad y equidad que en el Estado queda, los jueces, logren con sus sentencias abrumadoramente favorables que Bankia les devuelva lo que les pertenece.
Hoy hay como dos reyes, el saliente y el entrante, y mientras el primero rubricó el Real Decreto por el que mediante el MOU con los prestamistas internacionales se despojaba a centenares de miles de españoles de sus bienes legítimos, atrapados en las Preferentes, los exégetas del nuevo aseguran que es un hacha en Economía. Si es así, lo tendrá fácil: un nuevo Memorándum de Entendimiento, pero ésta vez con los españoles saqueados por el Estado fallido del que se apresta a ostentar, vía herencia, la jefatura. Reintegrarles su dinero (algo que, por cierto, no figura ni en los munificentes propósitos de Podemos) y pedirles perdón humildemente por el calvario sufrido, tales serían las bases de ese nuevo Real Decreto que anularía el 24/2012 que con fecha de 31 de agosto de ese año consagró la destrucción del ahorro popular.
En mis tiempos, que ya no son éstos porque éstos me dan bastante asco, engañar a un ciego era lo más vil que podía hacerse, el delito más execrable. Aún tienen que andar mis amigos ciegos arrastrándose por los saturados y lentísimos predios de la Administración de Justicia, y ni siquiera para que se castigue a los delincuentes que les engañaron, sino, tan sólo, para recuperar el bastón de una vejez digna.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído