Fermín Bocos – Debate sin sorpresas


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Para la Historia de España, del debate sobre la abdicación del Rey Juan Carlos I quedará que el Congreso aprobó la Ley orgánica que acepta la renuncia a la Corona con 299 votos a favor, 19 en contra y 23 abstenciones. Y que fue un debate entretenido. Tuvo varias fases. Entretenidas algunas, tensas e incluso toscas, otras.
Visto que sobre el fondo de la cuestión no había mayor incertidumbre puesto que PP y PSOE estaban de acuerdo, las intervenciones de Rajoy y de Rubalcaba sonaron como las ruedas de prensa que dan los entrenadores de los equipos de fútbol en vísperas del último partido de Liga cuando sus clubes ya están clasificados. Faenas de aliño predecibles hasta en los adjetivos. También UPyD había anticipado que votaría a favor, pero su lideresa, Rosa Díez, aprovechó la tribuna para repartir algunas collejas a los partidos mayoritarios. Y en eso estaban, cuando llegó Cayo Lara, escarapela republicana en la solapa y escalpelo en la palabra, para pedir la apertura de un debate sobre el cambio del modelo de Estado. Para entonces, un tercio de los diputados habían perdido ya el oído entretenidos como estaban tuiteando o manejando sus tabletas. Otros se habían ausentado; los menos parecían prestar atención y el resto estaba a su bola hablando con los vecinos. El murmullo fue creciendo hasta que en un pronto cargado de energía se dejó oír la voz del Presidente Posadas: «¡Los que no atiendan que se vayan al bar!». Sonó como una descarga pero ninguna de sus señorías levantó el vuelo. El escopetazo hizo efecto, pero a Cayo Lara se le acabó el tiempo así que todo se quedó en un encomio de la República que no estaba en el orden día. Un debate es un polinomio dialéctico.
En el que comentamos, la parte vaticana corrió a cargo de Duran Lleida y la etno-historicista fue cosa del diputado del PNV Aitor Esteban. Durán estuvo en Durán. Al tiempo que elogiaba el papel institucional jugado por el Rey y dejaba dicho que valoraba la preparación del Príncipe concluyó anunciando que su Grupo se abstendría. Lo uno y lo contrario y Cataluña y el eterno memorial de agravios como telón de fondo.
Hablando de tocar fondo. Quien acreditó todos los registros de lo que es el sectarismo político fue Sabino Cuadra, diputado de Amaiur. Tosco de expresión y falsario de memoria. Al final, él y su grupo se ausentaron. Debe ser que se encuentran más cómodos en las herriko tabernas que en el Parlamento democrático del Reino de España. En fin, aunque el resultado estaba cantado, un debate, a la postre, interesante.

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