Irak y el sueño de los idiotas

No es el sueño de la razón lo que produce monstruos, como grabó Goya en la mesa sobre la que reposa el protagonista de su aguafuerte.

Lo que genera pesadillas y letales, como demuestran Irak, Libia o Afganistán, es el sueño de los idiotas, de esa panda de indocumentados cargados de buenas intenciones que pululan por las altas esferas de la política internacional.

Han pasado 12 años desde que los marines derribaron la estatua de Sadam en la plaza Firdos de Bagdad, pero ya entonces, sin ser un lince, se podia adivinar que el embrollo iraquí terminaría muy mal.

La decision de desbandar el ejército del sátrapa, unida a la prohibición de que los miembros del Baaz ocuparan cargos públicos y a la idea de que bastaban urnas para que Mesopotamía se convirtiera en un foco de democracia que irradiaría Oriente Medio, era una insensatez, pero fue lo que promovió el ‘gobernador’ Paul Bremer.

La mayoría de la población de Irak es chii y Al Maliki ha sido elegido democraticamente. Lo que nunca ha hecho ni hará es gobernar democráticamente, como se quejan los kurdos y los suníes que apoyan el avance del sanguinario Abubaker al Bagdadi y sus fanáticos del EIIL.

Para este viaje, mejor hubiera sido dejar intacto el ‘aparato’ y haber puesto en el lugar del tirano, desde el principio, a alguien ‘seguro y amistoso’.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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