Francisco Muro – Sorpresas te da la justicia


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

La hermana del Rey, la hija del Rey, ya está imputada acusada de dos presuntos delitos fiscales y de blanqueo de capitales. Ojo, eso no quiere decir que sea culpable ni siquiera que vaya a ser juzgada. Eso indica que el juez considera que hay indicios contra ella y supone que podrá ejercer su defensa, asistida de abogado, presentar los recursos que le permite la ley y, si llega el caso, tener un juicio justo. Como en el relevo en la Corona, normalidad. Dejar que la Justicia actúe con libertad e independencia. Y, esperemos, también con justicia. Nadie debería ser más ni menos que nadie por su condición, por su estirpe o por su posición. Y aunque no siempre sea así, porque los poderosos encuentran privilegios vedados a los más débiles, la decisión del juez Castro mantiene la confianza en el funcionamiento libre e independiente de la Justicia. Otra cosa es el inevitable juicio paralelo iniciado hace años y las patadas que cada día damos los periodistas y los ciudadanos a la presunción de inocencia. Y las que vamos a seguir dando con el daño irrecuperable para muchas personas.
Soy partidario de que actúe la Justicia, de que se la dote de medios técnicos y personales para que pueda hacer bien su trabajo -que hoy no puede-, de que se cambie, con consenso, es decir con un Pacto de Estado, todo lo que funciona mal, que es mucho y muy especialmente la mala organización que hace que tantos asuntos se dilaten innecesariamente años y años y que al final, aunque haya sentencia, no podamos decir que ha habido justicia.
Todos iguales, desde luego. También los políticos corruptos que salen en las portadas de los periódicos cada día y que luego son votados masivamente por los ciudadanos o siguen en sus puestos sin rubor. Y los eurodiputados de todos los colores que se dan a sí mismos, y sin control alguno, salarios, jubilaciones y fondos de pensiones incompatibles con la crisis y con el servicio público, que no están al alcance de casi nadie, que son absolutamente opacos y que gestionan SICAVs en Luxemburgo o donde sea. Y los altos cargos españoles en organismos internacionales con sueldos millonarios que se niegan a dimitir, tras ser imputados, hasta que les ponen la soga en el cuello. Y los sindicalistas de UGT que se lucran insultantemente de los fondos que el Gobierno les da para la formación de los desempleados, que siguen sin trabajo y sin futuro. O los que defienden regímenes corruptos fuera y piden Gobiernos éticos y transparentes en España.
No hablo sólo de España o de los políticos españoles. Hay muchos en otros países que están en la cima del escándalo. Y tampoco sólo de los que tienen un cargo público, porque la honestidad, la transparencia y la honestidad deberían ser patrimonio de todos. Si alguien delinque, sea quien sea, que pague después de un juicio justo. Pero todos iguales en la exigencia y en el castigo, si la verdad judicial -que no siempre es la verdad- decide que es culpable.

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