Al margen – Qué perra con Venezuela


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Diríase que la talla moral, intelectual y política de las personas se mide, en ésta España saqueada y empobrecida, por el grado de simpatía o repeluzno que a uno le suscite el régimen de Venezuela. Ahí tenemos a los debeladores de Podemos, de los señores Iglesias y Monedero particularmente, que construyen su dicterio hacia el partido de moda en base a sus remunerados filtreos con la cosa bolivariana, y ahí tenemos también a los propios líderes de la formación usando como «boomerang» dicho dicterio, esto es, achacándolo al juego sucio que genera el temor de algunos a perder sus privilegios. En medio de ese debate del género ínfimo no podía sino emerger el tercero en discordia, Alberto Casillas, el camarero del 25-S que protegió en su bar a los «indignados» del furor de los antidisturbios y que el otro día le hizo un escrache a Iglesias en el Ritz, y del que, en puridad, no sabemos si es chavista, caprilista, madurista, rojo, azul, de Izquierda Unida, de Podemos o del PP.
Con todos los respetos (y todos los desprecios) a la globalización, ¿Qué demonios se nos ha perdido en Venezuela? ¿Qué tiene que ver la velocidad con el tocino y el culo con las témporas? Si la Fundación de Iglesias le sacó una pasta a Chávez en concepto de asesoría, ello no significa sino que se trata de una Fundación española, bien que un poco más mirada que la FAES del PP o la «Pablo Iglesias» del PSOE, que se lo sacan al Presupuesto de aquí, y eso por no hablar de Nóos, la de Urdangarin, cuyos enormes beneficios «sin ánimo de lucro» llegaban hasta para pagar los gastos domésticos, corrientes, de su señora, Cristina de Borbón. Qué Venezuela ni qué Venezuela. Para ser Venezuela nos falta petróleo, pero si lo encuentran los que andan buscándolo en el litoral mediterráneo y en torno a Canarias, los niños españoles que hoy pasan hambre tendrán el honor de pasarla en un país petrolero, como Venezuela, y entonces, sí, entonces ya todo será como allí, incluido el pajarito que le habla a Maduro y que resulta que es Chávez transubstanciado.
La consigna, al parecer, es desacreditar a Podemos, incluso más de lo que sus líderes se desacreditan con sus fórmulas y específicos maravillosos, que hasta para los calvos habrá uno que nos haga brotar del coco una mata de pelo. Pero lo cierto, ya puestos con Venezuela, es que es probable que allí el Estado, por mucho que trinque, no robe a la gente ni la mitad que aquí.

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