Pedro Sánchez quiere un cambio, pero con aborto y ley de muerte digna.


El protagonista de hoy –con permiso de Podemos, que en eso de la propaganda se lo monta de cine— es el nuevo secretario del PSOE, Pedro Sánchez. A pesar de la filtración del asuntillo de Caja de Madrid, consiguió el 49% de los votos, catorce puntos más que Madina –de quien dicen que partió el chisme—, que demostró que no es profeta en su tierra.

En su primer día ya ha recibido su primera dosis de críticas. Su promesa de primarias para el 27 de noviembre empieza a difuminarse y ya habló de posponerlas para después de las municipales. El primer paseíllo con la Presidenta andaluza, tras la reunión, al estilo de las estrellas de Hollywood venidas a más, que no contestan preguntas y solo dan gracias y reparten sonrisas –y a veces ni eso—, no estuvo muy afortunado. Si no una rueda de prensa formal, unas palabritas de misericordia para los pacientes periodistas que esperan, hubiese sido lo justo. Eso es dar menos que Rajoy, que recurre, eso sí, a un plasma de muchas pulgadas.

Raúl del Pozo, aparte de llamarle guapo, se deshace en elogios hacia el nuevo secretario de la camisa blanca de la esperanza de los que esperan y piden un cambio necesario, no solo de personas sino de actitudes. No está la cosa para juegos y demagogias. Pedro Sánchez declara ser el Secretario General de la unidad. Ha dicho ayer después de conocer el resultado, que el cambio de España empieza hoy; que es el principio del fin de Mariano Rajoy. Tiene de bueno que no necesitará dos tardes para controlar los temas de economía, porque es doctor en la materia. Tiene una edad en la que aún se conservan intactos los ideales, que son compatibles con la ambición, siempre y cuando esta se canalice no a satisfacer los intereses personales, sino a construir una sociedad mejor. Dice Raúl del Pozo que empieza una nueva etapa que se desmarcará de la seguida por ejecutivos anteriores; que hará volver a Montesquiéu, a quien Felipe González envió al exilio, y los gobiernos posteriores mantuvieron en el destierro, para mangonear la justicia a su antojo. Esta propuesta ya suscita algo de ilusión.

Algunos le acusan de inclinarse demasiado al centro. Que alguien busque el justo medio, el satwa, es de agradecer en una sociedad que vaga, como dicen los orientales, del rajas al tamas, es decir “penduleando” a los extremos. Sánchez se desmarca de Podemos en algunas cuestiones importantes. No se puede presumir de estadista y hacer política para renegados del sistema, proponiendo no pagar la deuda, dejar quebrar los bancos, amén de otras ocurrencias de asamblea. Eso se puede hacer desde una televisión local para unos cuantos, pero no en un parlamento o en un programa, prime time, salvo que sea Sálvame Deluxe, que ahí vale todo lo que excite las vísceras y las bajas pasiones del cerebro reptiliano. El nuevo Secretario socialista tampoco es partidario de las coaliciones multitudinarias, ni para España ni para Europa.

Yo no soy socialista; más bien me sitúo en tierra de nadie, que he hecho mía, y he creado “mi república independiente”. Literal. Pero en estos tiempos de decepción, con un gobierno en orgasmo continuo, por el placer que se dan entre ellos, ajenos por completo a los problemas de los ciudadanos, y empeñados en hacernos comulgar con ruedas de molino, entiendo que muchos puedan ver en Pedro Sánchez, una esperanza. No es mi caso, porque de un partido político exijo mucho más que propuestas económicas, de justicia, de medio ambiente o de nuevas tecnologías. Considerando esto esencial e importante, nunca podré apoyar a una formación política que no defienda la vida sin condiciones, en todos sus estadios, es decir, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. A Pedro Sánchez –entiendo que no podía ser de otra manera, porque así lo estipula su ideario—le oí de viva voz prometer una ley de muerte digna. ¿Quiso decir, quizá, una vida digna que permita vivir dignamente los últimos momentos? Es una pregunta retórica, pues no cabe aquí la duda. Lo que reclama el recién elegido socialista rojo de camisa blanca, es que los viejos pasen por el sedadero inventado por el doctor Montes en aquellos infaustos días del año 2006 en el Hospital Severo Ochoa de Leganés, centro estructurado como modelo de sanidad pública socialista, es decir, laicista, eficientista y economicista. No sé si lo recordarán, pero habían convertido las urgencias en una suerte de camillas de punto final para viejos y crónicos. Al equipo le llamaban, nada menos que “Sendero luminoso”. ¿Por qué sería?

En cuanto al aborto, Sánchez prometió volver a la ley Zapatero-Aído, aunque después del fiasco del PP, ¡qué mas da! La de Gallardón se ha quedado en un bodrio que no satisface a nadie y que volverá a convertir a España en el paraíso del aborto, para que los aborteros de los tugurios de ACAI, engrosen sus cuentas corrientes, poniendo en marcha sus trituradoras de bebés en gestación. ¡Y encima, con el dinero de nuestros impuestos! Que esa es otra.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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