Victoria Lafora – Por buen camino.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Desde el recorrido por las calles de Madrid en coche descubierto y en contra del criterio de los responsables de Interior que veían enemigos en cada bocacalle, a la multitudinaria recepción posterior, algo parecía estar cambiando en el rígido protocolo de la Monarquía.
Sin prisas pero sin pausa, el nuevo jefe del Estado va tomando decisiones que van por el buen camino. Y entre ellas la de abrirse a una sociedad mucho más plural que la que rodeaba a sus padres, siempre acompañados de las autoridades de rigor.
El último encuentro en el palacio de la Almudaina, en Palma de Mallorca, coincidieron ecologistas con solera, como los dirigentes del GOB, con empresarios, gente de la Cultura y los políticos invitados fijos al ágape. Pese a la cantidad de gente que llenaba los salones el formato más ligero de rigidez protocolaria permitió que los Reyes pudieran departir y escuchar a tan diversos invitados. Porque, de eso se trata, de saber por dónde va el sentir de la calle a la que representa, aunque sea sin mando en plaza, la máxima autoridad del Estado. Hubo un representante republicano que declinó la invitación. Está en su derecho, en su lógica y en su coherencia.
También van por el buen camino las medidas tomadas sobre la transparencia en las cuentas de la Casa Real, el que sean auditadas por un organismo externo y el que se conozca el destino de unos fondos que pagan todos los españoles con sus impuestos era una exigencia inapelable de la sociedad. Lo positivo es el poco tiempo transcurrido desde la proclamación a la propuesta de cambio sobre el dinero que va a cobrar cada uno de los miembros de la familia que ya no estará al libre albedrío del Jefe de la Casa.
No tenía ninguna justificación que las hermanas del Rey cobrarán en función de las asistencias a inauguraciones y galas como si fueran artistas haciendo bolos en provincias. Con los cuatro reyes en activo el Estado tiene suficiente representación, incluso a nivel internacional. No parece, además, que Juan Carlos pretenda dedicarse a la contemplación en la Zarzuela. Con sus problemas de cadera a cuestas y su inevitable bastón, se ha ido a la toma de posesión de del presidente Santos, mientras el Tribunal Supremo estudia si admite a trámite la demanda de paternidad presentada por un ciudadano que asegura ser hijo del Rey.
La única fórmula para que sobreviva una institución tan cuestionada en los últimos tiempos por sus múltiples errores, es que ejerza con eficacia y discreción la necesaria mediación entre gobernantes y ciudadanía. Para ello tiene que conocer las aspiraciones de una sociedad plural que ha perdido la confianza en las instituciones por el mal uso que se ha hecho de ellas y por los escándalos de corrupción que han saqueado las arcas públicas sin que la Justicia castigue con rapidez a los culpables.
No lo tienen nada fácil pero, de momento, están recorriendo la senda adecuada.

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