A vueltas con España – Las reglas del juego pueden cambiar.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

En la izquierda -para entendernos, todo lo que no es el PP ni el nacionalismo periférico- están produciéndose la mayor parte de los cambios políticos que ha desencadenado la crisis económica y el propio devenir de los tiempos. En ese inmenso espacio político, no solo se han producido cambios en las fuerzas que lo integran, sino que ha germinado Podemos, con Pablo Iglesias, y han surgido otra serie de movimientos, entre ellos la Marea Atlántica que apadrina el escritor Manuel Rivas desde A Coruña. El Partido Popular, en cambio, se mueve poco.
Al PP, en realidad, no le interesa moverse, sino cerrar filas, evitar que surja un Podemos a su derecha o por el centro y jalear a Podemos, en la medida que debilita al PSOE de Pedro Sánchez. También le interesa, por supuesto, cambiar la ley electoral, de modo que gobierne en los ayuntamientos el candidato más votado; una mera idea partidaria que desde la calle Génova venden como su primera solución para regenerar la vida política española. Divide y vencerás.
Desde la izquierda, queriendo batir al duopolio PP-PSOE, están fragmentando más el espacio electoral propio, lo cual favorece al partido de Mariano Rajoy, con o sin nueva ley electoral. Pero si ésta sale adelante, con o sin consenso, las cosas le saldrán al PP mucho mejor de lo esperado.
Sin importarles ser acusados de hacer un cambio repentino de las reglas del juego, los populares pretenden convertir en alcalde al candidato más votado, siempre que alcance un nivel mínimo de apoyos -en torno al 40% de los votos- y que quede a una distancia apreciable del segundo candidato más votado. Un criterio a su medida y a la de un espacio político fragmentado en la izquierda. A día de hoy, debido a un voto más dividido en la izquierda y con la norma que aplica la Ley D»Hont, el PP no gobierna en muchos ayuntamientos pese a haber superado el 40% de los votos.
Sobre el papel están en el aire más de 8.000 gobiernos municipales. Con una visión más panorámica de la política española, seguramente está en juego mucho más que todo eso.

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