Fernando Jáuregui – Adiós, terrible agosto, adiós.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Claro que hay quien, desde el punto de vista quizá involuntariamente xenófobo, se alarma ante la creciente presencia islámica en Europa y, en general, en España, donde el porcentaje de esta presencia es mucho menor que en otros países europeos. Pero lo cierto es que resulta fácil, para quien quiere caer en la trampa, confundir Islam con islamismo fanático, y lo cierto es que en este sufrido mes de agosto hemos estado sometidos a demasiadas imágenes de violencia y crueldad inenarrables a cargo de quienes propugnan un Estado islámico… contra otros estados también afectos al Islam, aunque no tan excluyentemente confesionales.
No me extraña que Occidente esté alarmado. Los recuerdos de aquel 11 de septiembre de 2001, día sin duda inolvidable para el mundo entero, en el que, en el atentado contra las torres gemelas de Nueva York, murieron tres mil dieciséis personas y más de seis mil quedaron heridas, todo cambió. Pero no ha mejorado, ni el derrocamiento, torpe, de un tirano como Saddam Hussein sirvió para otra cosa que para empeorar la situación, ni la impunidad del régimen sirio ha bastado para pacificar la región, ni la «primavera» que surgió en los países del norte de Africa fue apenas sino un sueño, y véase, si no, lo que está ocurriendo en Egipto. O en Libia. En ese sentido, este mes de agosto ha sido una auténtica pesadilla, y la biempensante Europa, sin darse cuenta de lo que tiene al este, con Ucrania, y al sur, con la masiva inmigración subsahariana, se horrorizaba al ver lo que ocurría en la franja de Gaza, en el norte de lo que fue Irak o en los alrededores de Damasco. Pero todo eso queda, de momento, lejos de las fronteras del Imperio.
Dicen los expertos de los servicios de inteligencia que la amenaza yihadista sobre Europa no puede descartarse en absoluto. Y lo dicen también quienes creen saber sobre el tema en los servicios de inteligencia españoles. La agencia Europa Press difundió hace algunas horas un informe, basado en el contenido de las redes sociales, que incluye la respuesta de un joven, identificado como terrorista, Abou Tamimah, a la pregunta del investigador Gil Garre, que quería saber si el Estado Islámico podría llevar su yihad a España: «claro, ya estamos ahora en España», fue la respuesta. Ya sé que las redes sociales son escenario de todo tipo de falsedades, faroles, ataques y desmanes, pero amigos encuadrados en los servicios del Estado me advierten de que, sin sensacionalismos ni alarmismos, la cosa hay que tomársela en serio. España es, según los análisis oficiales, «un lugar de paso», un país utilizado como «instrumento» y recluta. Lo cual ya sería suficientemente grave.
En todo caso, el hecho de que España acaso -acaso- no esté situada en el foco de mayor peligro directo, no invalida la preocupación ante lo que está ocurriendo en una zona del mundo donde la situación es hoy mucho peor que hace cinco años, y no digamos ya que cuando se produce la matanza del 11-s. O la del 11-m en Madrid. A mí, en todo caso, este mes de agosto que ya concluye me ha dejado ese espanto en los ojos que te deja la sangre tan injustamente vertida, el sufrimiento, sea próximo o lejano, de tantos seres humanos. Hay que atajar esa dinámica infernal y no parece fácil hacerlo: ¿una alianza internacional contra el Estado islámico y sus promotores, que tan salvajemente actúan? No parece fácil, y, desde luego, no será dejando que cada país europeo arme o no, según su voluntad, a los kurdos, como se consiga. ¿Tendrá que ceder Obama, como piensan algunos comentaristas, y acercarse a Teherán y a Al Asad? El posible vuelco de alianzas está ahí, con todas sus indeseables consecuencias. De momento, el mundo no es un lugar seguro en el que convivir en paz. Lo hemos constatado, de nuevo, en este mes de agosto lleno de fotografías que te hacen reflexionar.

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