Francisco Muro de Iscar – El suicidio anunciado de Izquierda Unida.


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

La izquierda no parece haber entendido el mensaje que en las europeas de mayo le enviaron sus votantes. (La derecha, tampoco, claro). El PSOE prefirió pensar que era anecdótico y que bastaba con matar al padre y cambiar la estética para recuperar el territorio perdido. Izquierda Unida, que lleva años sobreviviendo por la debilidad e inestabilidad del PSOE, lo que ha permitido tocar poder, por ejemplo en la Junta de Andalucía, donde en casos como el del ERE ha enterrado sus principios para no abandonar las prebendas, sí que fue consciente de lo que se le venía encima con la irrupción de Podemos. Por eso, sus dirigentes le dieron el poder, sin elecciones ni votaciones de los militantes, al delfín más joven para que entablara negociaciones con Pablo Iglesias. No sé muy bien si pensaban fagocitar a «los nuevos» o aprovecharse del éxito inesperado de los herederos del 15-M, donde no tuvieron ningún papel real.
Como no han tenido la respuesta que esperaron, se han sumado a Ganemos, otra iniciativa surgida de los grupos ciudadanos, que quiere replicar el éxito de Podemos. Al parecer, Izquierda Unida está dispuesta a integrarse en candidaturas ciudadanas con Ganemos, a buscar pactos, todavía, con Podemos, y sólo donde no lo consiga esos pactos, que supondrán su autodisolución, presentarán candidaturas propias. Ganemos, cuya voz más visible es la de Ada Colau, la activista, cabeza visible de la Plataforma Antidesahucios, aspira a la alcaldía de Barcelona, y Podemos, con un Pablo Iglesias, pueden ser la tumba de Izquierda Unida. No por culpa de los militantes, sino de sus dirigentes, anclados en un viejo comunismo agotado, pasado de modas, irrelevante.
La quiebra de IU, no sólo política, amenaza a toda la izquierda y puede poner en jaque el Estado de Derecho. La última encuesta, publicada por El Mundo, indica que lo que parecía un castigo ocasional puede convertirse en un tsunami: el PP mantiene su intención de voto en el 30 por ciento -lo que no le permitiría gobernar sin pactos, casi siempre imposibles-; el PSOE apenas pasa del 22 por ciento, y ya tiene a Podemos a un solo punto; IU baja al 4 por ciento, superada incluso por UPyD. Si el PSOE no reacciona y presenta un programa sólido y con sentido de Estado, Podemos no sólo puede acabar con los viejos rockeros comunistas sino con los jóvenes socialistas. (Pablo Iglesias es ya más conocido y valorado por los ciudadanos que el propio Pedro Sánchez).
Los líderes de IU y muchos de sus militantes han perdido ya la fe en su propio proyecto. Ignoro si los ciudadanos españoles están dispuestos a convertir a Podemos en el árbitro que decida por dónde queremos llevar a España en los próximos años. Me temo que el PSOE ha vuelto a equivocar el diagnóstico y ha elegido la estética en lugar de la cirugía. Las recetas de Hollande y Renzi no funcionan en Europa y España necesita una izquierda (y una derecha) moderna, transparente, con sentido de Estado, con programa, sin demagogias. Si no reaccionan, el pronóstico es letal para todos.

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