Las raíces profundas de Rajoy.


Si las piedras hablaran, las del castillo de Soutomayor desvelarían muchos secretos de sus antiguos moradores y sacarían a la luz una de las grandes mentiras de la historia. Eso sostienen los defensores de la galleguidad de Cristóbal Colón. Hay muchas más pruebas de que el descubridor de América nació en Galicia, concretamente en Portosanto, que las que aporta la Raccolta. No consigo entender por qué no se revisa esta nebulosa histórica y se persiste en la creencia de su origen genovés, a pesar de no hablar italiano y haber regado la toponimia gallega por las tierras caribeñas “de suave brisa y dulces gentes”. Pero dejemos al gallego Colón y vayamos al gallego Rajoy Brey, que como viene siendo costumbre, inauguró el nuevo curso político en el recinto de la fortaleza de Pontevedra.

Arropado por los suyos, con las alas de Merkel planeando bajo los cirros, tras entregarle la semana pasada ante el Apóstol su merecida matrícula de honor en recortes, bajo la promesa de continuar con su política de austeridad, acuñó un término que repetiremos una y mil veces a partir de ahora. Rajoy no habló de brotes verdes, sino de “raíces profundas”. No sé si la metáfora fue idea de uno de sus “tropecientos” mil iluminados asesores, si debemos la autoría a la inefable Martínez Castro o si fue él mismo tras visionar este verano el famoso western Shane, de George Stevens, protagonizado por Alan Ladd, traducido al español como Raíces profundas. Si para ver brotes verdes es necesario tomar alguna sustancia alucinógena similar a los hongos de María Sabina de Oaxaca o el humito de Juan Matus, el indio yaqui de Castaneda, para ver raíces profundas hacen falta grandes dosis de fe. Y hablar de fe en Mariano Rajoy, con todo su historial, es un sinsentido, por no decir otra cosa. Las imágenes de Rajoy en el Camino de Santiago de la mano de Merkel son comparables a la tan traída foto de las Azores, y ya sabemos lo que trajo. El buen rollito entre los mandatarios seguro que es bien visto por los mercados, pero a los votantes dudo que les haga gracia. Parece que Rajoy no tuvo en cuenta que todos los líderes que han formado “eje”, con Merkel han tenido un mal final. Quizá haya querido romper el maleficio. No me extrañaría que el Presidente, tan acostumbrado a ponerle una vela a Dios y otra al diablo, le hubiese pedido un milagro al Apóstol y haya conjurado a las meigas.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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