A vueltas con España – ¿Se le hace caso a Sánchez?.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

El todavía flamante secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que ya ejerció esta semana como jefe de la Oposición en el Congreso, empieza a darse cuenta de que o se mueve o no sale en la foto electoral. Y ha optado por moverse. Otra cosa es si lo hace de la manera adecuada.
Dada su formación, es habitual que diagnostique bien la situación económica. Le cuesta más el discurso político, tal vez por falta de experiencia, y tropieza con dificultades para instalar su discurso social. Podemos no le deja mucho espacio.
Parece evidente que el PSOE volverá a ser el PSOE si es capaz de construir un discurso moderado, de centro-izquierda, sin meterle el dedo en el ojo a Podemos ni a IU. Pero, sobre todo, si es capaz de ser creíble y de que la gente le haga caso.
El PSOE ya tiene muchos documentos elaborados en materias programáticas; no parece ser ése el problema, sino más bien si a la gente les interesan sus papeles y sus discursos. Si cuando Pedro Sánchez va a la tele, el votante cambia de canal, mal va el PSOE.
Por lo demás, es probable que Pedro Sánchez tenga razón cuando advierte de «la coalición» entre el PP y Podemos contra el PSOE, pero ¿debe ser él quien lo diga? Una apreciación de ese tipo sería más creíble si la justifica uno de sus medios afines. Se supone que Pedro Sánchez está para poner en valor el PSOE y no tanto para hacer tareas del típico segundo o «número dos» que ataca a los adversarios. Y menos aún para hacer de periodista.
En su actuación hay errores de principiante: el primero es ser tan obvio e insistente en su apelación a las clases medias y trabajadoras, lo cual es de cajón tratándose de un partido socialdemócrata. Al Papa no se le ocurre decir que quiere dirigirse a los católicos: dice cosas de interés para los católicos, que es distinto.
Su definición del PSOE, resumida como «la izquierda que aspira a gobernar y que quiere transformar la protesta en propuesta», está bien para una reunión de politólogos especializados en lo que ahora se llaman partidos luxury pero es pretenciosa para contársela a alguien tomando café. Si, como dijo, quiere parecerse a Felipe González, Pedro Sánchez deberá empezar por ser más coloquial, sin por ello dejar de ser profundo.

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