Entre Mas y Rajoy, no nos dejan vivir, pero no hay que afligirse.


Veo síntomas de decadencia por todas partes. Hay que estar muy dormido o en estado de hibernación para no darse cuenta. No crean que soy presa de un ataque de pesimismo. Mi alegría de vivir y la esperanza de un mundo mejor están a salvo de cualquier coyuntura. Creo en los ciclos y este que nos toca vivir no es de los mejores. Dicen los sabios que estamos en el punto álgido del largo kali yuga, edad de hierro en sánscrito. A pesar de todo, los relojes cósmicos continúan marcando los ritmos. Mis girasoles ya tienen las pipas maduras y vienen los mirlos a comerlas al amanecer. Las bayas del acebo ya están tomando un tinte anaranjado para estar en Navidad rojas como rubíes.

Los todopoderosos políticos no pueden impedir que estas maravillas sucedan, si no, ya hubieran buscado la manera de privarnos de ellas o de poner un impuesto por su disfrute. ¡Me caen mal, sí! No voy a andar a estas alturas con disimulos. No sé qué contará la historia, porque la perspectiva del tiempo cambia las cosas. Pero, en este presente limitado, podemos decir que tenemos/padecemos los peores políticos del periodo democrático. Vamos de mal en peor.

Estos días estamos siendo bombardeados sin tregua con el tema de la consulta del 9-N, por el derecho a decidir sobre una Cataluña independiente. Los fanáticos seguidores de Prat de la Riba y otros mitómanos creyentes en una singularidad ficticia, han vuelto a las andadas. Cataluña siempre ha aprovechado las etapas de declive español para sacar sus delirios de independentismo. Basta recordar aquellos últimos años del siglo XIX con una España llorosa y deprimida por la pérdida de las colonias, y una Cataluña que aprovechaba para agitar el sentimiento antiespañol.

¿Qué va a ocurrir en Cataluña? A mi se me escapa cuál puede ser la actuación del Gobierno ante unos dirigentes que desafían la Ley y el Orden. ¿Cuál será la actuación de los mossos d´esquadra? Menos mal que para tranquilizarnos, Cospedal ha dicho, ¡oh genialidad!, que tenemos mucha suerte de tener un Presidente del Gobierno que vela por el cumplimiento de la ley. La declaración se las trae. Rajoy repite su mantra de los últimos días: ley y diálogo. Parece que el Presidente no se ha enterado de que ya hace tiempo que se traspasó la línea roja. Se dice por los mentideros que habrá algún pacto secreto, que, como siempre, perjudicará al resto de España. Se habla incluso de un referéndum nacional. De momento, solo Mas y Rajoy lo saben. Yo no sabría decir cuál de los dos, cada uno en su estilo y circunstancia, es más ambicioso y a cuál de los dos le gusta más el poder.

Pedro Sánchez también dice cosas; las que le cuenta al oído Susana Díaz. Pobre guapo socialista de la camisa blanca que tiene que hacerse un hueco en la jungla siguiendo el guión de la que fue mano derecha, derechísima, de los saqueadores de la cosa pública andaluza. ¡De qué iba a estar ahí, si no! Pero es lo que hay. Y entre unos y otros, de izquierda, más izquierda, y derecha, tienen a España patas arriba y a los españoles cabreados y a punto de la desesperanza sin retorno.

Ya estamos de mentiras hasta la saturación, y de corrupción, ídem. Para colmo y mayor escándalo, como si el saqueo de Bankia, y la estafa a los preferentistas no fuese suficiente, acaban de asomar su cara sucia las tarjetas opacas, con dinero calentito para vicios varios de más de ochenta beneficiarios. ¡Qué asco! ¡Que vergüenza ajena! ¡Qué todo! Pero, ¿cuánto falta por salir? ¿Para cuándo la lista Falcciani con todos los políticos y altos cargos con cuentas en Suiza?

La actuación de la Fiscalía en el caso Pujol y sus vástagos es de no creerse. Estas actuaciones propician que el pueblo se encanalle cada vez más y pierda el respeto por las instituciones y sus dirigentes. La consecuencia es que los políticos se ven abocados a la creación de leyes para protegerse del descontento social, esto es, “del populacho”.

Pero todo esto serán simplemente páginas de historia dentro de unos siglos. Pero hay temas más trascendentes ante los cuales solo nos queda llorar y gritar a los cuatro vientos que el Partido Popular es un partido abortista. Lo viene diciendo Manuel Morillo desde hace años. Siempre creí que exageraba, pero hoy debo reconocer que el débil cordón que me unía al PP se ha roto para siempre. Han echado la cuenta y creen que pueden prescindir de los votos de quienes defienden la vida. ¡Qué chasco tan grande! Cambiar un puñado de votos por miles de bebés en gestación troceados y ensangrentados no es de buena gente. Algunos estudios concluyen que muchos políticos son auténticos psicópatas. Yo lo creo, y lo están demostrando.

A pesar de todo, no hay que afligirse. Los políticos y todos los corruptos del mundo, dominados por el mal, nos torturan, pero jamás les dejaremos que dañen nuestra alma y nuestra confianza en los arquetipos del bien y la justicia, aunque lo que vemos ahora sea todo lo contrario.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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