Fermín Bocos – Cadena de errores


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

La noticia del caso de la auxiliar de enfermería madrileña que ha contraído la enfermedad del ébola está dando la vuelta al mundo. La repiten a todas horas los canales de televisión y se han hecho eco los principales medios digitales. En todos cursa con tintes de alarma por tratarse del primer caso registrado en Europa. Lo esencial que se sabe del caso es que la enfermera infectada formó parte del equipo médico que trató de salvar la vida al misionero español Manuel García Viejo que había contraído el virus en Sierra Leona. Algún fallo en el protocolo de seguridad que rige los contactos con los enfermos infectados sería el origen al contagio. Habría sido el primer fallo. El segundo no marcar un tiempo de cuarentena obligatoria para todas aquellas personas: médicos, enfermeros, auxiliares, limpiadoras, incluso los pilotos militares que transportaron al religioso desde Sierra Leona. El tercero, consecuencia del anterior, habría sido el más grave: permitir que la persona que ha contraído la enfermedad pudiera irse de vacaciones. Los especialistas en este tipo de enfermedades infecto-contagiosas describen con precisión las causas que propician el contagio y el ciclo de evolución de la enfermedad. Aunque la enfermedad puede tardar más en declararse, las dos primeras semanas son claves. De ahí la caución de la cuarentena. Cuarentena que en el caso que nos ocupa no fue impuesta. Alguien tendrá que responder por el error. Desde luego, no lo hizo la ministra de Sanidad (Ana Mato) en la improvisada rueda de prensa que convocó el lunes por la tarde. Una rueda de prensa, política. Se supone que destinada a tranquilizar al personal pero que a la postre, provocó el efecto contrario por la manifiesta falta de respuestas a algunas de las preguntas lógicas que suscita el caso. «De lo que no se puede hablar, hay que callar» aconsejaba Wittgenstein. El Ministerio de Sanidad había hecho alarde de las excelencias del protocolo de seguridad que se había seguido en el Hospital Carlos III cuando fueron tratados los dos misioneros enfermos (a la postre, fallecidos). No existía riesgo de contagio, todo estaba bajo control. De aquella innecesario verbosidad -tan de políticos necesitados de su minuto de gloria en los telediarios- se desprende la crueldad del momento. Una ministra ya muy tocada políticamente por su trayectoria y circunstancias familiares se enfrenta a la petición de dimisión formulada desde los bancos de la oposición. Visto la proverbial sordera de los gobiernos que gozan de mayoría parlamentaria, no parece que vaya a ser este episodio el final político de la señora Mato. Aun así, mantenerla al frente de una cartera tan importante sería un error. Otro más de los que forman ya, cadena.

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