Francisco Muro de Iscar – Demonizar a los políticos


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Decía Jardiel Poncela, y ya ha pasado mucho tiempo, que «los políticos son como los cines de barrio. Primero te hacen entrar y luego te cambian el programa». Ya no hay casi cines de barrio, pero es como si Jardiel hubiera sido íntimo de Rajoy. De Rajoy y de una larga lista de políticos dentro y fuera de nuestras fronteras. A ver si alguien se cree que los nuestros son diferentes. También hace décadas, Disraeli escribió que «el mundo está lleno de estadistas a quienes la democracia ha degradado convirtiéndoles en políticos». Y alguien que sólo conoció la democracia por referencias, Nikita Jruschof, dijo, con conocimiento de causa, que «los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya un río».
Esto es historia. Historia de la humanidad y de la lucha por alcanzar el poder o por que no te lo quite nadie. Un veterano periodista decía que todas las historias -la real, las novelas, los programas de TV- tienen siempre cuatro elementos: poder, sexo, dinero y religión. La diferencia está en cómo se hace el cóctel, qué cantidad de cada cosa se mezcla. Si hay gente que «mata» por ser presidente de su comunidad de vecinos, imaginen lo que es la lucha por el poder político. Y ni se planteen siquiera lo que es la batalla por el poder de verdad, el económico.
No es de extrañar que visto lo que está pasando, los políticos sean uno de los principales problemas de los españoles según el CIS. Tampoco harían falta encuestas. Los políticos, y la corrupción. Ya sé que me pueden decir que es lo mismo, pero discrepo. Los políticos no son más que una «selección» de la sociedad en la que viven, del resto de los ciudadanos. Y la corrupción no está sólo en las tarjetas de Bankia. Allí hay más o son cifras más importantes, bochornosas, intolerables. Pero también está en nuestras facturas sin IVA, en los que no pagan sus impuestos, en los que aprovechan sus negocios para camuflar ingresos o justificar gastos injustificables, en los que no pegan un palo al agua, etc. En todas partes hay buenos y malos. También en la política.
Aquí demonizamos a los políticos inmediatamente y les pedimos que se vayan sin aguardar una explicación ni valorar si son culpables o no. Todo político es un presunto culpable. Tal vez, para no asumir las responsabilidades que cada uno tenemos, disparamos a las cabezas que, muchas veces, ni siquiera han tenido conocimiento de un problema. Claro que hay responsabilidades políticas o penales. Pero también sociales e individuales. Si no asumimos las nuestras -siempre hay alguien a quien echar la culpa- ¿cómo podemos exigir otras? Cuando suceden problemas graves como el del ébola, lo primero es tratar de que dimita alguien en lugar de esperar a tener la información adecuada y saber qué ha pasado. En este asunto, chapeau a Pedro Sánchez. Cuando sepamos lo que ha pasado ya habrá tiempo de pedir que cada palo aguante su vela.

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