Rafael Torres – El perro Excalibur.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Diríase que matando al perro Excalibur las autoridades pretendieran exorcizar los demonios de su fatal incompetencia. Pero, ¿qué autoridades, qué autoridad? ¿La de la ministra Mato, cuyo único mérito o argumento para ostentar la cartera de Sanidad es el de ser amiga de Rajoy? Matando al pobre perro Excalibur, cuya familia humana está confinada en el hospital por la negligencia de las dichas autoridades en el manejo del ébola, pretender fingir la diligencia y la determinación que no tienen. Casi un cuarto de millón de firmas pidiendo respeto para la vida del can se han recogido en pocas horas porque la ciudadanía, aparte de manifestar una sensibilidad y una cordura muy superiores a las de quienes la gobiernan, se niega a tolerar el inútil sacrificio de un chivo expiatorio.
Muerto el perro, se acabó la rabia, parecen pensar los que, obviamente, no piensan. Como si los errores que han conducido a la actual situación hubieran sido pocos, el Gobierno de Rajoy, en su radical inepcia, pretende añadir el de la ejecución sumarísima de la criatura que, además de representar el mayo afecto de la enfermera tocada por el ébola y de su marido, pudiera ser de gran ayuda a la ciencia para determinar con mayor exactitud las formas y variantes del contagio de la aún poco conocida enfermedad. Nada hace suponer, cual en insisten en afirmar los especialistas, que los perros puedan contagiarse o ser portadores y transmisores, pero, aun en el caso de que cupiera esa posibilidad, ¿qué mayor razón para respetar la vida de Excalibur que la oportunidad de comprobarlo?

En medio del caos desatado por la insolvencia del Gobierno, que viene tratando a los españoles, en todos los aspectos, con un desprecio infinito, se pretende acabar con la rabia matando al perro, pero la rabia es otra, la rabia es, junto al estupor y al miedo, la que ha prendido en la gente al ver lo vendida que está en manos de semejantes ineptos. Defendiendo la vida de Excalibur se defiende la razón y la vida, tan amenazadas hoy por quienes detentan un poder que no merecen.

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