El esperpento de Halloween y el día de los Fieles Difuntos.


Me produce una profunda tristeza ver a los niños de las guarderías convertidos en muñecos de consumo, en pequeños bufones de una sociedad que no solo está perdiendo sus raíces, sino el camino de vuelta para el retorno. ¡A qué viene ponerle a un niño de dos o tres años un casco con un cuchillo atravesándole la cabeza, llenarle el cuerpo de supuesta sangre y dibujar en su carita de porcelana simuladas heridas cosidas! Es patético. Alguien pensará que exagero, pero si hacen los análisis que a mí me llevaron a esta conclusión, verán que no es un tema que debamos pasar por alto.

En la fiesta de Halloween hay que distinguir dos vectores concretos: en lo externo e intrascendente, un consumismo exacerbado que sobrepasa con mucho lo chabacano y lo hortera; y en lo interno o trascendente, un relativismo atroz y transgresor encaminado a la animalización del ser humano y, como consecuencia, a la pérdida del sentido trascendente de la vida.

Para los que estamos vacunados contra la manipulación y contra determinados comportamientos borreguiles, seguimos conmemorando el Día de Todos los Santos, y el de los Fieles Difuntos, en el que de manera especial se ofrecen misas y oraciones por los familiares que han muerto, para que alcancen la Visión Beatífica.

El origen de la fiesta de los difuntos se pierde en la bruma de los albores de la humanidad, cuando el ser humano adquiere conciencia de la inexorabilidad de la muerte y empieza a darle un sentido trascendente. Así, las diversas culturas precristianas, honraban a sus difuntos en fechas comprendidas entre el equinoccio de primavera y el solsticio de invierno, y sus tradiciones han llegado hasta nuestros días. Eran fiestas solares, en las que se rendía culto a la naturaleza para favorecer la regeneración y que volviera a dar frutos en el ciclo siguiente. Se creía que la noche de las brujas, los muertos volvían a sus hogares a participar de la comida familiar. Ciertos númenes del inframundo tenían un especial protagonismo, como el Samhain celta en honor del cual se celebraba la fiesta de año nuevo.

La Iglesia primitiva conmemoraba la fiesta para honrar a los miles de mártires de las persecuciones romanas, aunque no había una fecha unificada. Fue en el siglo VIII cuando el papa Gregorio III consagró una capilla en la basílica de San Pedro a todos los santos y fijó la celebración el 1 de noviembre. Quedaba así oficializada la fiesta de Todos los Santos, cristianizada la fiesta pagana del Samhain, extendida en gran parte de Europa, y se daba a la celebración el sentido trascendente de orar por los fieles difuntos que se encuentran en el purgatorio. Más tarde, a mediados del siglo IX, Gregorio IV extendió la celebración a toda la cristiandad.

Independientemente de la creencia, nuestros santos y antepasados difuntos son la razón de ser de las fiestas de los días 1 y 2 de noviembre. Halloween, aparte de ser completamente ajeno, tiene un origen siniestro. Creo que si muchos de los que compran calabazas para sus hijos conociesen su auténtico significado, no obrarían tan a la ligera. Halloween tiene su origen en una leyenda celta irlandesa. Jack era un hombre pendenciero que se encontró con el diablo en una taberna la noche de las brujas; este le compró su alma, pero al final el mal hombre la recupera con chantajes y trucos. Cuando murió no pudo entrar en el cielo porque había sido un malvado, ni en el infierno, porque el diablo no tenía su alma comprada. Este lo condena a vagar eternamente en el mundo de los vivos aunque esté muerto. Para iluminar su camino entre tinieblas le entregó una tea encendida, que Jack colocó dentro del nabo ahuecado que estaba comiendo, para que el viento no se le apagase. Siguiendo el patrón de esta leyenda, en Irlanda era típico ahuecar nabos y poner en su interior carbones encendidos, que colocaban en las tumbas para mostrar a los muertos el regreso al mundo de los vivos. Cuando los irlandeses llegaron a Estados Unidos, al ver que las calabazas eran abundantes y mucho más fáciles de ahuecar, dejaron de emplear el nabo.

Si hacemos un somero análisis, las modernas calabazas con vela son la representación de un arquetipo maléfico: Jack es peor que el propìo Satanás a quien consigue engañar. ¿Es edificante que nos guste celebrar las andanzas de este ser malvado? Estamos hablando de un personaje de ficción, sí, pero también lo es “el principito”, libro que desmonta muchos de nuestros razonamientos de adultos y hace que nos aflore lo mejor del niño que llevamos dentro. Es muy posible que Jack, aun ignorando su historia, nos saque lo peor.

Los disfraces de Halloween y su éxito social son la prueba palpable de la fascinación de nuestros adolescentes por el mal, lo feo, lo grotesco; la fascinación por el terror sin sentido, la tortura, la muerte violenta, los muertos vivientes o los vampiros. Llama la atención que una sociedad que esconde la muerte natural, que prohíbe que velemos en casa a nuestros familiares muertos, que actúa como si la muerte no existiese y que evita que a los niños se les hable de ello para no traumatizarlos, los bombardee con modas y tendencias destructivas que solo contribuyen al desequilibrio de su psique.

Como dije al principio del artículo, siento pena al ver a estos niñitos de guardería llenos de sangre y cuchillos atravesándoles la cabeza. ¿Qué educadores tenemos? ¿Qué saben de educación infantil? Yo considero que esto es maltrato infantil. ¿Dónde están los que legislaron que una colleja o una nalgada es maltrato? Hay demasiado hipócrita suelto que presume de velar por la infancia. ¡Como suena!

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
✉ periodista@magdalenadelamo.com
Suscripción gratuita
.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

Lo más leído