Antonio Casado – El paro de octubre.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Siempre hay formas de eludir el dedo acusador de las estadísticas, las encuestas y la realidad contable. Hablo del minuto y resultado del desempleo en España, medido trimestralmente por la EPA (Encuesta de Población Activa) y mensualmente por los Servicios de Empleo (antiguo INEM) en índices de «paro registrado». Este último lo tenemos más a mano. Se corresponde al mes de octubre. Registra una subida (79.154), aunque menor que en octubre de años anteriores, un ligera mejora en las cifras de contratación indefinida, un aumento en las afiliaciones a la Seguridad Social (28.817) y un descenso del paro interanual de 284.000. He ahí los atenuantes frente a un mensaje poco optimista por las razones que trataré de explicar. Vamos a ello:

Como es sabido, el paro registrado cada mes nos da el número de personas que están a la cola en demanda de un empleo. De modo que decimos que baja o sube el paro en función de que haya menos o más personas en la cola de mes a mes. Pero es que de la cola no solo se sale por haber encontrado un puesto de trabajo.
También se sale porque el que estaba ahí hace un mes ha decidido buscarse la vida en el extranjero (jóvenes, sobre todo), porque era un inmigrante que decidió volver a su país porque España ya no es lo que era, o porque se trata de alguien aburrido de esperar en la cola a encontrar un puesto de trabajo.
Esos tres fenómenos (jóvenes emigrantes, inmigrantes repatriados y parados de solemnidad) estaban contribuyendo hasta ahora a reducir el tamaño de la población activa y, por tanto, a alimentar el espejismo de que el empleo había empezado ya una curva ascendente e irreversible. Craso error. Por tercer mes consecutivo el paro ha seguido aumentando, a pesar de los abandonos de la cola de esos tres grupos de personas.
En consecuencia, el aumento del paro en 79.154 personas durante el pasado mes de octubre nos traslada un mensaje de la realidad contante y sonante que no da para celebraciones. Me refiero al hecho de que haya subido el paro por tercer mes consecutivo, porque eso invierte la tendencia apuntada en vísperas del verano. Con su correspondiente derivada política: esos datos no casan en absoluto con los brotes «vigorosos» de la recuperación aireada por el Gobierno Rajoy. En cambio casan perfectamente con el miedo a una tercera recesión en Europa.
En ese punto es donde el atenuante oficial -el que no se consuela es porque no quiere, hemos dicho toda la vida- se remite a las previsiones de la Unión Europea que acabamos de conocer, según las cuales España (1,5%) crecerá en 2015 por encima de la media de la zona euro (1,1%). Lo que pasa es que las previsiones de crecimiento iniciales han tenido que ser revisadas a la baja por el estancamiento europeo del segundo trimestre del año en curso. Y si Europa se para o se frena, España también se parará o se frenará antes o después porque ese es nuestro entorno económico. Esa es la mala noticia para nuestro país. El paro registrado en el mes de octubre confirma la preocupación.

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