Victoria Lafora – El esperpento.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Si algo le faltaba al guión de la voladura controlada de las instituciones ha sido la filtración, sin duda interesada, de los continuos viajes del presidente extremeño a Tenerife, pagados con fondos públicos, para reunirse con «una amiga entrañable».
A nadie le importa lo que haga el Sr Monago, conocido como «cohete Monago», según él mismo relató en su patética comparecencia ante los medios, con su vida privada. Lo que sí importa, y es clave, es conocer en que se gastan sus señorías el presupuesto sin límites asignado a unos viajes de trabajo que resultan ser de ocio.
Porque el esperpento no terminó ayer, con las emocionadas lágrimas del presidente extremeño, ante la cerrada ovación que le dedicaron sus compañeros en la reunión de la dirección del PP para analizar «el buen gobierno en las Comunidades Autónomas». No, el sainete se prolongó por la noche al conocerse que otro diputado del PP había utilizado también las arcas públicas para pagarse los mismos viajes de placer a Tenerife y reunirse con la misma señorita. ¡Qué cosas!

La renuncia a su escaño y al cargo en el partido de este diputado por Teruel deja en tan mal lugar a Monago que, pese a la ovación de los suyos, le señala el camino de salida de la presidencia de la Junta y abre el terrible interrogante de cuánto dinero del bolsillo de los españoles se habrán gastado los representantes de la soberanía popular en actividades privadas desde la primera legislatura.
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, asumió como un hecho consumado que las Cortes funcionaban así y que la publicitada ley de transparencia no iba a cambiar el estatus quo. ¿Para qué? Si les ha ido tan bien todos estos años. Porque el necesario control sobre el gasto, al que se ven sometidos todos los trabajadores por cuenta ajena de este país, obligados a presentar hasta la más mínima factura para que se les abonaran los cargos consecuencia de su función profesional, no regía ni rige para sus señorías. El cuestionamiento de la ética y la honestidad solo se aplica a los ciudadanos de a pie, los padres de la patria están, al parecer, libres de cualquier sospecha.
Visto lo visto, y por mor de la limpieza democrática, lo primero que hay que exigir es una auditoria de todos los desplazamientos de diputados y senadores que, con tanto celo, guardan los servicios de ambas cámaras. Y una modificación urgente del reglamento que anule la barra libre y obligue a los legisladores a dar cuenta de todos y cada uno de sus gastos cuando dicen actuar en representación de los españoles. Aunque es más que probable que la auditoría no se haga nunca, porque se tambalearía el sistema parlamentario. Y, en cuanto al reglamento, no se ha cambiado porque, legislatura tras legislatura, los grupos no han sido capaces de lograr un consenso. ¡Con lo bien que les iba, qué necesidad había de cambiar nada!

La ciudadanía tiene que lograr con su exigencia de limpieza democrática que se acabe, de una vez, con este esperpento público con cargo a los impuestos de todos.
Y, mientras tanto, los dirigentes de Podemos frotándose las manos.

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