Pedro Calvo Hernando – Ahora, el diálogo y la negociación


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Aquí el único que no se ha enterado de nada es el Gobierno de Rajoy, acompañado por sus sectores políticos afines y por los medios que le secundan con los ojos cerrados. Después de lo sucedido el 9-N en Cataluña, las cosas parecían congeladas, aunque se observa ya una clara tendencia a la movilidad, impulsada por el calor de la lógica y de las respuestas de las gentes e instituciones más vivas de la sociedad española. Partimos, sí, de que el Gobierno persiste suicidamente en su comportamiento tancredista y que en el independentismo catalán reina la división y la desconfianza interna. Pero partimos también de que lo sucedido el domingo es una clara invitación a los cambios de actitud y a la búsqueda de todo aquello que no debió nunca perderse de vista.
Ahora hay que volver atrás y situarse en el punto en que la ofensiva del PP contra el renovado Estatuto de Cataluña todavía no había sido recurrido por Rajoy ante el Constitucional y, claro, este Tribunal todavía no lo había destrozado. De cómo para ganar el futuro hay que empezar por corregir el pasado.
Antes de esos avatares del último Estatut, que provocaron el estallido independentista, el secesionismo estaba en clara minoría y de él no habían formado parte nunca ni CiU, ni los Gobiernos de Jordi Pujol, ni masas humanas como las que el domingo acudieron a esas raras urnas, pero urnas al fin y al cabo. Después de aquellos avatares comenzó la carrera hacia el punto en el que nos encontramos ahora. Archirrepetido pero también elemental es que el desenlace definitivo no puede ser ni la independencia ni el inmovilismo, sino la intensa y sincera entrada en la cancha de la negociación política. Pero en busca de una solución intermedia, que no puede ser otra que la tan traída y llevada reforma profunda de la Constitución, que abra el camino del perfeccionamiento de todos los mecanismos democráticos y el diseño de una estructura federal de verdad del Estado para quienes deseen acogerse a ese paraguas. Todo ello en un clima en el que se recuperen las relaciones de amistad y confianza entre los sectores ahora enfrentados, clima sin el que sería muy difícil llegar a un entendimiento democrático.

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