Francisco Muro de Iscar – La libertad perseguida.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Manuel Azaña escribió que «la libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres». La libertad religiosa es una parte esencial del hombre y ahí podemos decir que las cosas no mejoran. Todo lo contrario. Cada dos años, Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) hace un informe muy completo sobre este asunto y la conclusión del que acaban de presentar es preocupante: la libertad religiosa en el mundo ha entrado en una época de grave deterioro.
Hay 200 millones de cristianos que viven en países en los que son perseguidos, amenazados o asesinados y otros 50 residen en naciones donde sufren algún tipo de discriminación por su fe. En la lista de Estados con las violaciones más graves de la libertad religiosa predominan los países musulmanes, pero también las minorías musulmanas sufren un alto grado de persecución y discriminación, tanto a manos de gobiernos musulmanes -no hay peor cuña que la de la misma madera- como de gobiernos dictatoriales. Y también los judíos siguen sufriendo discriminación en Europa. La persecución de minorías religiosas y el surgimiento de Estados monoconfesionales, dice el informe, están provocando desplazamientos de grandes masas de población que han llevado a una crisis internacional de refugiados. Este es uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos hoy y al que la comunidad internacional está dando la espalda. Montar campamentos de refugiados es una respuesta humanitaria, pero no una respuesta política a los derechos fundamentales de esos millones de personas.
La libertad religiosa se vulnera hoy en 82 de los 196 países del mundo y en otros 35 la situación es «preocupante». Sólo ha mejorado en seis. No parece que podamos sentirnos orgullosos de nuestra tolerancia. Catorce de los veinte países con mayor grado de violación son islámicos y algunos gozan de «alto crédito político internacional» -Arabia Saudí, Afganistán, Egipto, Irán, Iraq, Libia, Maldivas, Nigeria, Pakistán, República Centroafricana, Somalia, Siria, Sudán y Yemen-. Los otros seis son dictaduras en su mayoría comunistas: China, Azerbaiyán, Corea del Norte, Eritrea, Myanmar y Uzbekistán. Si ustedes cruzan las cifras del comercio exterior de los países más libres y poderosos de Occidente con estos veinte países donde la libertad -la religiosa y la otra- se viola genéticamente, se llevarán más de una sorpresa.
En los dos últimos años, la tendencia es a peor. El terror de inspiración religiosa -que afecta sobre todo a los cristianos, tres de cada cuatro víctimas- no sólo está muy extendido sino que se incrementa cada día. En la hostilidad sectaria, en las tensiones raciales o tribales hay casi siempre un componente de intolerancia religiosa hacia el que piensa de otra manera. El fenómeno del creciente «analfabetismo religioso», del ateísmo y del secularismo hace que muchos gobiernos de Occidente, también en este caso miren hacia otro lado. Las señales de alarma están sonando. La libertad religiosa no es un regalo, es un derecho básico, fundamental que necesita compromiso y defensa.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído