A vueltas con España – ¿Volvemos a Fernández de la Mora?.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Para la Real Academia Española (RAE), la ideología, además de ser una doctrina filosófica centrada en el estudio del origen de las ideas, es un conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etcétera.
Un partido (político) sería, también según la RAE, un conjunto o agregado de personas que siguen y defienden una misma opinión o causa. Y por una democracia, entre otras cosas, habría que entender una doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes. En Estados Unidos, el demócrata Barack Obama lo tiene claro: «Nos dieron una república, un gobierno de, por y para el pueblo, confiándole a cada generación la obligación de mantener a salvo nuestro credo».
Al menos hay tres estados en el mundo, Estados Unidos, Reino Unido y Francia, es decir, tres países genuinamente democráticos, donde llevan siglos con ciertas lecciones aprendidas y donde los chistes se reservan para otro tipo de cosas. España, por lo que se ve, sigue siendo diferente.
Por si alguno no se había enterado, los ingredientes de la poción mágica de Podemos son cinco. Al menos en Portugal ya lo saben, porque se lo fue a explicar Pablo Iglesias, flamante secretario general de este partido, aprovechando una convención del Bloco de Esquerda en Lisboa. A saber: 1) acabar con el pesimismo y recuperar la ilusión, 2) ser laicos, 3) ser audaces, 4) romper el tablero político, y 5) dominar la empatía. En declaraciones al diario Público de Portugal, Pablo Iglesias fue más lejos: la clave de Podemos es «dejar a un lado la ideología» para «centrarse en los intereses de la gente», ya que, en su opinión, mucha gente cree que las llamadas políticas sistémicas fueron «incapaces» de resolver sus problemas.
Se ve que el líder de Podemos ha leído a fondo el libro El crepúsculo de las ideologías (1965), del ex ministro franquista Gonzalo Fernández de la Mora, para adaptarlo a un tiempo nuevo. ¿Será eso lo que quieren los españoles?

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