Antonio Casado – Nicolás, el zangolotino


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Algo parecido a la alarma social. Digamos estado de estupor generalizado en la opinión pública española. Es la foto movida que sale de un fin de semana informativamente colonizado por el pequeño Nicolás o, como él mismo dice que diría Rajoy, «el niño del PP», «porque yo les hacía mucha gracia».
Además de poner en evidencia las goteras de instituciones como la Corona, el Gobierno o los servicios de inteligencia del Estado, solo faltaba que este zangolotino nos dividiera en dos bandos: los que le creen y los que no le creen. Dicho sea a partir del debate desencadenado entre quienes creen que las instituciones del Estado no deben rebajarse a desmentir a un farsante y quienes creemos que, ante el estado de perplejidad ciudadana creado después de escuchar su profuso relato, el silencio institucional hubiera parecido sospechoso.
Por tanto, celebremos la prontitud con la que tanto Zarzuela como Moncloa han salido al paso para apagar los faroles del pequeño Nicolás. No porque su relato sea creíble, que no lo es, «salvo algunas cosas» episódicas o puntuales (en ningún caso las supuestas encomiendas para rescatar a la infanta Cristina de los tribunales o a España del separatismo catalán), sino por la predisposición de millones de españoles a creerlo y, lo que es más grave, a considerar verosímil que un chisgarabís puede banalizar hasta ese punto el funcionamiento de ciertas instituciones del Estado. Eso es lo grave. Un síntoma añadido del desaliento y la crisis de un sistema político que se resiente por lo que un arquitecto llamaría fatiga de materiales.
El misterio continúa. No todas las dudas están completamente despejadas. Por ejemplo, las que se derivan de su detención del pasado mes de octubre a cargo de seis agentes de Asuntos Internos que, como se sabe, es la unidad policial encargada de depurar los asuntos turbios dentro de los Cuerpos de Seguridad ¿Acaso era uno de los suyos, al menos como colaborador ocasional o confidente de algún agente de los servicios de información e inteligencia del Estado? Es otra de las preguntas que quedan en el aire, una vez que millones de españoles han dejado de ver al niño del PP como un simple «canapero» del poder que se movía para salir en la foto.
Especialmente concernido queda el CNI en las generosas explicaciones del tal Francisco Nicolás Gómez Iglesias. Tampoco tendría nada de particular que el muchacho no fuese un total desconocido en los servicios secretos del Estado. En cierta ocasión oí decir al actual director de los mismos que me sorprendería saber la diversidad de personas que se ofrecen a colaborar. En todo caso, la confirmación o el desmentido debería hacerlo en primera persona el general Félix Sanz, en sede parlamentaria, por ejemplo, no en apresuradas notas oficiales de la Vicepresidencia del Gobierno.

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