Escaño Cero – Un impostor.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Pasan cosas que revuelven el estómago. Me voy a referir a un hecho que tiene como protagonista al ex primer ministro laborista británico Tony Blair quien, hace unos días en Nueva York con toda la cara del mundo fue a recoger el galardón que la despistada sucursal norteamericana de la ONG «Save the Children» le había concedido «en reconocimiento a su liderazgo en pro del desarrollo internacional» y «al hilo de sus gestiones en las cumbres del G-8 en relación con los países subdesarrollados». Que es tanto como decir todo y no decir nada. El caso es que el premio y la ceremonia de reconocimiento -que aparejaba un fiestazo en el Plaza Hotel de la Gran Manzana- ha soliviantada a la casa madre londinense de «Save the Children», organización no gubernamental casi centenaria. Más de ochenta mil firmas recogidas en una semana entre responsables y colaboradores de la ONG protestando por la concesión del premio y exigiendo que le sea retirado el galardón acreditan el calado del disgusto que el asunto ha provocado entre sus paisanos. Blair no goza precisamente de buena prensa en el Reino Unido. Son muchos los que reprochan al antiguo «premier» tanto su forma de gobernar como sus andanzas y negocios tras la salida del 10 de Downing Street. La acusación más frecuente es que es un «pesetero». Pero hay otras que van más allá y recuerdan que al apoyar a Georges Bush en la invasión de Irak (fue uno de los componentes del famoso «trío de las Azores»), en los hechos posteriores a los que dio pie aquella guerra muchos niños perdieron la vida. De ahí el sarcasmo del premio recibido en Nueva York. Lo que más revienta es el aroma de impostura. Nadie sabe muy bien cual es su tarea real como mediador por encargo de la Unión Europea entre israelíes y palestinos pero todo el mundo está seguro de que cobra por ello. Y mucho. Tiene fama de pasar minutas millonarias. El presidente de «Human Rights Watch», Kenneth Roth, le señalaba poco menos que como un mercenario, el «hombre que defendería a cualquier dictador que quisiera pagarle bien». La recogida de firmas y las críticas de ciudadanos británicos, gente que le conoce bien, más allá de las filias y fobias políticas, lo que delatan es que Blair no ha dejado precisamente un buen recuerdo entre sus paisanos. Visto desde lejos y con la perspectiva que permite el tiempo, vemos que se va haciendo cada vez más nítido el perfil de un impostor. Un impostor moral. Un político que predicaba una cosa y se ha visto que en su vida particular hacía la contraria. Vida particular que no privada, puesto que sigue viviendo de la política. Y no precisamente, de manera ejemplar.

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