Victoria Lafora – El abrazo del oso.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Mal harían los socialistas en mostrar complacencia ante las proclamas, o incluso ofertas, de algunos dirigentes del PP sobre una gran coalición pos electoral. Si ahora se tambalean en las encuestas y su crecimiento es irrelevante para tener alguna opción del volver al Gobierno, un preacuerdo con los populares y su estela de casos de corrupción los sacaría de la vida pública. Sería como aceptar el abrazo del oso.
De ahí el arrebato de su secretario de organización César Luena, negando una y otra vez tal posibilidad. En su última comparecencia pública, Pedro Sánchez, (que últimamente se prodiga tanto en los medios que ya es raro que no se contradiga) no fue lo suficientemente tajante con este asunto y dio cuerda a María Dolores de Cospedal para que diera por hecho el acuerdo. Luego se arrepintió y lo resituó «en diferido», ese término impreciso que tanto gusta a la responsable del Partido Popular.
Pero el mal ya está hecho. Mucho va a tener que trabajar la nueva dirección del PSOE para borrar la sombra de la sospecha y convencer de que no van a ser la muleta que precisa la derecha para repetir en la Moncloa.
Tampoco es buena estrategia el demonizar, día sí y día también, a los chicos de Podemos y la ambigüedad de sus propuestas económicas. Es cierto que un tercio de los votantes del PSOE se han ido con la formación de Pablo Iglesias, o dicen que se van a ir. Que no es lo mismo. Para que la «revolución» de las europeas no vuelva a producirse, en las generales, no es preciso denigrar al contrincante. Basta con hacer propuestas realistas y creíbles sobre la regeneración de la vida pública, la democratización interna del partido, las listas abiertas, el respeto a las instituciones democráticas que consiste en dejar de parasitarlas con nombramientos de afines y un programa económico que salve de la exclusión social a los que ahora viven por debajo del umbral de la pobreza.
Tan mala es la rendición incondicional de una formación histórica como Izquierda Unida. Solo le falta ya pedirle la mano en matrimonio. Como la displicencia que deviene en falta de respeto hacia los votantes de Podemos. Una machacona campaña de desprestigio solo consigue darles notoriedad y que sus jóvenes votantes reaccionen apoyando en masa al que se intenta marginar.
Cayo Lara, atropellado por la movida, debería saber a estas alturas de su larga experiencia política que no se pide permiso para sumarse a una concentración en Madrid, si se está de acuerdo con los planteamientos. ¡Faltaría más! A lo mejor teme que suceda como aquella tarde que fue a solidarizarse con los acampados de «15M» en la Puerta del Sol y le tiraron huevos.
Los grandes partidos han desatendido vergonzosamente el clamor popular contra los recortes del estado del bienestar, la flagrante corrupción que les invade y la falta de sensibilidad ante las desigualdades sociales. El descrédito de la política les afecta directamente y solo a ellos.
La solución no pasa por avasallar ni por convertirse en vasallo.

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