Fernando Jáuregui – Mordazas


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Hacer coincidir esa fotografía en la que los diputados de Izquierda Unida se adornan con mordazas para expresar su rechazo al proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana, alumbrado por el Ministerio de Interior, con la presentación, desde el Ministerio de la Presidencia, de la web de la transparencia, parece, y es, un contrasentido. Este es un Gobierno que habla de lo uno y, a continuación, de lo otro, como si el reforzamiento de la seguridad no fuese siempre un valladar para la total transparencia, que ya se sabe que es tan imposible de lograr como la absoluta seguridad.
Todo es cuestión, dijo el sabio, de porcentajes. La libertad de expresión puede estar reñida con muchas cosas, incluyendo imponer una tasa a Google, logrando que el enorme buscador se largue de España. La mesura a la hora de gobernar impide que un presidente autonómico diga que no hay hambre infantil en su Comunidad, sino que el problema es de obesidad en los niños. Y desaconseja que una diputada de la oposición llame «verdugo» en el hemiciclo a un ministro recién nombrado, culpándole de los malos tratos que muchas mujeres sufren a manos de sus parejas.
Así que algunos pueden pensar que el hecho de que todo un grupo parlamentario se levante, para aparecer en los periódicos, con una mordaza en la boca es una demasía en la protesta, ya que la ley, en cuyo fondo no entro, pero que a mí me parece altamente deficiente, no merece tanta algarada. Lo de Cayo Lara, Llamazares, Alberto Garzón y demás diputados de IU era una manera de llamar la atención, una forma de protesta que va más allá de la crítica parlamentariamente reglada. He oído algunos comentarios en los que se les llama «payasos» y hasta «hooligans», como si la Cámara Baja fuese un estadio de fútbol y Sus Señorías unos hinchas del Manchester. Me parece que la protesta en el Parlamento puede adoptar -mírese, si no, lo de los «backbenchers» en el Parlamento británico- formas diversas, y no seré yo quien condene ni la foto de las mordazas, ni llevar determinadas camisetas o pins: la política tiene algo de espectáculo.
Eso del espectáculo lo saben bien muchos de los recién llegados a este que debería ser noble oficio. A veces, se pasan; las más, no llegan, e imponen distancias absurdas, plasmas, en el trato a los ciudadanos. Que gentes como Tania Sánchez, la candidata de IU a presidir esa Comunidad de Madrid hoy tan aburridamente gerenciada, o Alberto Garzón, el próximo nuevo líder de esa misma IU, lleguen a la cancha de la política armando ruido me parece una buena noticia. Como me lo parecería, si no fuese por ciertas pasadas que tienen que ver con el trato a los que representamos a los medios de comunicación, las puestas en escena de Podemos. Pero no, no son lo mismo los seguidores de Pablo Iglesias, tan inaccesibles, que los de IU y, menos aún que los nuevos ejecutivos que rodean a Pedro Sánchez, todo un modelo de accesibilidad y, si se me permite, de transparencia. Debo decir y digo –por favor, no crea usted que con ello tomo partido: mi único partido es la libertad de expresión–, que hay diferencias entre unos y otros.
Debo también decir, y digo, como periodista, que no son lo mismo los que imponen mordazas que los que se las ponen. Y claro está que no hablo solamente de leyes de mayor o menor seguridad, ni de webs de más o menos transparencia.

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