Fermín Bocos – La realidad y el deseo.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Nada reemplaza a la victoria. Sí el domingo 24 de mayo de 2015, día en el que se celebrarán elecciones municipales en toda España y autonómicas en buena parte del Reino, el PSOE consigue remontar los resultados de los últimos comicios a Pedro Sánchez se le abrirá la puerta del futuro y la corte de cuantos ahora cabildean alrededor de Susana Díaz enmudecerá o cambiará de bando. La política es así. Debiéndoselo todo a Pepe Griñán, la primera en llegar a la cima del disminuido poder que hoy tiene el Partido Socialista fue la actual presidenta de la Junta de Andalucía. Después, a la manera de Gálvez en Pensacola -«Yo solo»-, llegó Sánchez y salió elegido en primarias frente al pronóstico del «aparato» más proclive a dejar en manos de Eduardo Madina la arruinada hacienda legada por Rubalcaba. Ahora suenan voces de fronda procedentes del Sur ante el temblor de vísperas de «sorpasso» que las encuestas atribuyen a Podemos. Voces que critican la excesiva presencia mediática de Sánchez omitiendo el «pequeño detalle» de que raro es el día en el que Susana Díaz no copa titulares en la escaleta de los informativos de Canal Sur. Es el viejísimo espasmo del poder. Lo advertía Emil Cioran al decir que la primera preocupación de quien se adueña del poder es hacer desaparecer a sus amigos, a quienes han recorrido a su lado el mismo camino. Raro es el que estando arriba soporta a otro a su lado. Lo que ocurre en este caso es que Díaz tiene poder real -Andalucía es media España- y Sánchez lo único que puede administrar es la esperanza de acertar en la renovación y limpieza de un partido del que mucha gente se alejó al comprobar su escasa voluntad para acabar con prácticas non sanctas como el escandaloso caso de los ERE. Un escándalo de corrupción heredado pero que pende como espada de Damocles sobre la Junta que preside la señora Díaz. Ahora que hasta Podemos se reclama deudo de la socialdemocracia parecería llegado el momento en el que el PSOE reclamara el «copyright» de la marca. Con su expeditiva manera de zanjar el caso de las «tarjetas negras» de Bankia forzando la expulsión de los cargos socialistas implicados (medida muy criticada por algunos veteranos del partido) Pedro Sánchez cruzó el Rubicón. Fue una advertencia a propios y ajenos. Quien llega con esas maneras inquieta a quienes dentro y fuera del partido llevan años recostados sobre algunas de las ventajosas franquicias del bipartidismo. Sánchez no es tan bisoño como parece. Tengo para mí que quienes creen que desde Sevilla le pueden barrar el camino, se equivocan. Saldremos de dudas la noche del cuarto domingo del mes de mayo del año que viene.

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