Fermín Bocos – También eran casta


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Izquierda Unida tiene dos problemas. El primero es que su discurso político suena mejor, incluso suena a nuevo, en boca de los dirigentes de Podemos. Las encuestas que avizoran la decadencia de la formación que lidera Cayo Lara y el auge del partido de Pablo Iglesias así lo pronostican. El segundo problema -que para esta coalición puede resultar letal- tiene que ver con la crisis que delata la falta de autoridad de la Presidencia Federal, incapaz de obligar a dimitir a la dirección madrileña de la coalición por sus implicaciones políticas en el escándalo de las «tarjetas black» de Bankia. Y no ha sido por falta de iniciativas puesto que Lara y sus compañeros de la dirección nacional impulsaron una comisión de investigación que examinó la participación de IU-CM en Caja Madrid y Bankia.
El gran público conoce las andanzas de Miguel Blesa y Rodrigo Rato y en menor medida las de algún sindicalista de CCOO y UGT y antiguos dirigentes del PSOE empotrados en el Consejo de la entidad cuyo rescate se llevó más de 22.400 millones de euros, pero conoce menos la trayectoria de José Antonio Moral Santín, el personaje que entre 1995 y 2012 en nombre de IU ocupó la vicepresidencia de la entidad. En los años noventa, este comunista del sector pro soviético más duro abominaba del euro comunismo de Santiago Carrillo y repartía carnés de demócrata. Pero desde que en 1995 entró en Caja Madrid y conoció a Blesa, digamos que ensanchó horizontes. Llegó a ser el número dos de la Caja en el tiempo en el que con el silencio cómplice de toda la cúpula se perpetró el engaño de las preferentes, un producto financiero tóxico que fue servido a miles de confiados clientes. Muchos de ellos jubilados. Entre 2003 y 2012 se embolsó más de 450.000 euros tirando de una de las famosas tarjetas opacas. Moral Santín era el hombre de confianza de Angel Pérez, el líder de Izquierda Unida en Madrid. Hace ahora un mes, la Presidencia Federal aprobó por mayoría una resolución en la que se emplazaba a dimitir a los cargos madrileños que tomaron «decisiones sustanciales» en la entidad y que, en definitiva tuvieron algo que ver con la «gestión inadecuada» de la entidad bancaria. Ninguno ha hecho caso. Ni Pérez –el valedor de Moral Santín-, ni Gregorio Gordo que auspicio el pacto de estabilidad con el PP y la rama de banca de CCOO que garantizó la continuidad de Blesa al frente de la Caja. El caso va más allá de la anécdota. Tiene que ver con la credibilidad a la hora de denunciar la corrupción señalando únicamente la vida de los otros. Un comportamiento típico de la casta.

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