Cayetano González – En el banquillo


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

No es difícil imaginar que la imagen de la Infanta Cristina de Borbón sentada en el banquillo de un juzgado de la Audiencia Nacional, acusada de cometer dos delitos fiscales según el auto del juez Castro conocido este lunes, dará en su momento la vuelta al mundo y será portada en muchos periódicos de los cinco continentes. Será la primera vez que un descendiente del hasta hace muy poco Rey de España y hermana del actual Monarca tenga que pasar por ese trance.
Para paliar los efectos negativos que en términos de imagen y de prestigio de la Institución monárquica se deriven de ese proceso judicial, la Infanta Cristina debería como primera providencia renunciar ya a sus derechos sucesorios. Sería un gesto simbólico, porque sus posibilidades de heredar el trono son muy remotas, pero tendría un fuerte componente ético y estético. Si la opinión pública, y con razón, está siendo muy exigente con todos aquellos políticos acusados o imputados en casos de corrupción y les exigen que se vayan a su casa y en su caso a la cárcel, con más motivo esa exigencia tiene que mantenerse con alguien que hasta hace muy poco tiempo ha formado parte de la Familia Real.
El nuevo Rey Felipe VI era consciente desde el primer día de su reinado que una de las tareas prioritarias a las que tenía que hacer frente era intentar recuperar el prestigio de la Institución y la confianza ciudadana en ella, dañada durante los últimos años por sucesos de diferente índole, entre los que el más grave sin ninguna duda ha sido el conocido como caso Noos que afectaba tanto a su hermana como al marido de esta, Iñaki Urdangarín. Sabido es que desde que saltó este escándalo a los medios de comunicación, la relación entre el entonces Príncipe de Asturias con su hermana y con su cuñado se tornó muy distante e incluso se convirtió en casi inexistente. Por eso, aunque sólo fuera por echarle una mano a su hermano en esa tarea de recuperar el prestigio de la Corona, la Infanta Cristina debería tener la generosidad de renunciar a sus derechos sucesorios sin que eso supusiera en modo alguno estar reconociendo su culpabilidad.
Por otro lado, la decisión del juez Castro de sentar en el banquillo a la Infanta Cristina tiene la virtualidad de proyectar a la opinión pública aquello que dijo el propio Rey Juan Carlos en su mensaje de Nochebuena de hace dos años, cuando en plena efervescencia de noticias sobre el caso Noos afirmó que «todos somos iguales ante la ley». Efectivamente, así debe ser y así parece que va a ser en este caso que tanta proyección mediática va a seguir teniendo porque afecta de lleno a alguien que aunque formalmente haya sido apartada de la Familia Real sigue siendo hija y hermana de Rey.

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