La semana política que empieza – Pablo Tsipras contra Mariano Samaras.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha definido finalmente la que será su estrategia en este año electoral: o él, o Mariano Rajoy en La Moncloa. En su mItin sevillano conmemorando el primer aniversario de la creación «formal» de Podemos, y en entrevistas posteriores en algún medio, Iglesias trató el sábado de minimizar y ridiculizar, en el feudo de Susana Díaz, al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, mostrando claramente cuál es su próximo objetivo: merendarse al partido fundado por el «otro» Pablo Iglesias en 1879. Y mostrando también a quién considera su verdadero rival en la izquierda, tras haber casi aniquilado sin mover un dedo a IU: a la formación que ahora lidera Sánchez.
El caso es que el mItin de Sevilla sirvió este fin de semana para abrir portadas de periódicos nacionales, informativos de radio y de televisión, mientras el discurso sobre seguridad de Mariano Rajoy quedaba relegado a un segundo lugar, y no digamos ya la asamblea que Sánchez celebraba con los suyos en Valencia, dedicada a fustigar la corrupción en el Partido Popular, que, a su vez, se esforzaba como podía en alejar de sí el cáliz de las acusaciones fiscales por el «caso Gürtel». Era, más o menos, la radiografía del primer fin de semana «preelectoral»; y así va a continuar la cosa en los próximos cuatro meses, hasta las elecciones municipales y autonómicas y, después, hasta septiembre, cuando las autonómicas- plebiscitarias catalanas y, luego, hasta noviembre o diciembre, cuando las generales. El clima electoral ha llegado para quedarse, barriendo casi cualquier otra cosa.
En realidad, este clima alcanza incluso a las elecciones griegas del próximo domingo: pocas veces unos comicios en otro país han apasionado tanto en España. Tras haberlo hecho Rajoy con Antonis Samaras, Pablo Iglesias planea al parecer una rápida visita a Atenas para «apoyar» a Alexis Tsipras, el líder de Syriza, la formación de izquierda que parte como clara favorita en las encuestas, que vaticinan una práctica desaparición del socialista Pasok tras la desastrosa gestión de Yorgos Papandreu. ¿Y si gana Syriza? Pablo Iglesias lo presentará en España casi como un triunfo personal, e insistirá en que la cosa estaba entre el conservador Samaras y el «revolucionario» Tsipras. Toma ya ejemplo griego, lo que nos faltaba. Otro clavo para el ataúd que Iglesias quiere fabricarle a Sánchez, quien, «mutatis mutandis», se configura como el principal valladar contra una hegemonía electoral de Podemos. Lo que ocurre es que este último está ahora en alza y de moda, prepara una manifestación para finales de este mes que se quiere multitudinaria, y en el PSOE todo son rumores de desavenencias internas, aunque Sánchez haga bien en continuar impasible su camino predicando reformas. ¿Bastará?

Y, en el otro lado del bipartidismo, ¿le bastará a Rajoy, el próximo fin de semana, con realizar una convención en la que entiendo que no le quedará otro remedio que lanzar un alegato público contra la corrupción, una promesa de regeneración general y un anuncio de candidatos limpios y nuevos, lo que excluye casi por definición a la por otra parte sin duda atractiva Esperanza Aguirre? Yo me temo que ni a Sánchez le va a ser suficiente con su paciente recorrido por España -este domingo, en Viladecans-, hablando de una evanescente reforma constitucional, ni a Rajoy le llegará con su mensaje machacón sobre lo bien que va España y, si va bien, para qué cambiar. Y, encima, con otra manifestación el propio sábado de la clausura de la convención, la de las víctimas del terrorismo, en la que la propia clientela del PP va a lanzar sus gritos… contra el Gobierno del PP. País surrealista.
Surrealista el país también en el propio éxito de Podemos, con apenas un año de vida; en las peleas en el centro por una marca, en los combates inmisericordes en la izquierda. Como el clima de campaña electoral, el surrealismo político ha venido para quedarse. Es de temer que una larga temporada. Y ya sé que la idea es combatida desde las trincheras del PSOE, del PP, de Podemos, de los nacionalismos… desde todas las trincheras, menos las del sentido común, la lógica y, dicen los sacrosantos sondeos, la de las aspiraciones de una mayoría ciudadana: el surrealismo solo acabará con una realidad que aparentemente va contra la corrección política, es decir, un gran pacto de gobierno entre las dos principales formaciones que dure toda una Legislatura regeneracionista. Pero, claro, ¿llegaremos a verlo?

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