Al margen – La realidad no me necesita.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Susana Díaz, Albert Rivera, Artur Mas, Tania Sánchez, Juan Carlos Monedero, Rosa Díez, Oriol Junqueras, todos parecen estar convencidos, o, cuando menos, tratan de convencer a los demás, de que la realidad les necesita. Hasta Rajoy cree, si es que ese hombre cree en algo, que la realidad le necesita. La realidad, es decir, España. Pero eso les pasa porque no han leído a Pessoa, o, si lo han leído, porque lo olvidaron: «La realidad no me necesita». Lo dejó escrito su heterónimo más profundo y emocionante, Alberto Caeiro: «Cuando llegue la Primavera,/ si ya me he muerto,/ florecerán las flores de la misma manera/ y los árboles no serán menos verdes que la Primavera pasada./ La realidad no me necesita./ Siento una enorme alegría/ al pensar que mi muerte no tiene ninguna importancia.»

La realidad no nos necesita a nadie, pero eso no lo entienden los del baile de caras, los líderes carismáticos, los elegidos de la Providencia, los que sostienen que no puede llegar la Primavera sin ellos. La realidad, más bien, nos necesita a todos, y para cambiar necesita que todos, o los suficientes, hayamos cambiado antes. ¿Qué mundo nuevo es posible sin hombres nuevos, sin mujeres nuevas? ¿Y quién de esos líderes visionarios apela, como fundamental, al cambio de nuestras conciencias? A mejor, se entiende. La gente, la gente, la gente, se les llena la boca con la gente, de tanto lamerle las orejas. La gente, esa gente de la que hablan, es la que ha de traer el mundo nuevo, el cambio, la Primavera, y no ellos, que están en lo que estuvieron los de su oficio siempre, en la conquista del Poder. Y ninguno, por pura supervivencia, está por que la gente cambie y haga su indispensable e interior revolución previa.
Es jodido entender que la realidad no le necesita a uno, pero sólo entendiéndolo, asumiéndolo, digiriéndolo, es posible descubrir que nos necesita a todos. A todos. Pero aun si no nos necesitara, nosotros sí que la necesitamos a ella. Otra realidad. Otro mundo. Otra conciencia.

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