Antonio Casado – El pacto de la sensatez.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

La supuesta incoherencia del socialista Pedro Sánchez por firmar un pacto antiterrorista con veto diferido a la cadena perpetua se compensa con la obtención de un bien superior: la unidad política frente al desafío yihadista. El PSOE es un partido de Gobierno que no olvida sus principios. Correcto. Equivale a afirmar que, aunque no debe olvidar sus principios, tampoco puede olvidar que es partido de Gobierno.
De momento, en la oposición. Sánchez no dispone de la mayoría suficiente para hacer de su capa un sayo. Sus 110 escaños no le dan para impedir que la cadena perpetua (camuflada bajo la denominación de «prisión permanente revisable») entre en el Código Penal por decisión del Gobierno Rajoy. En cambio sí estaba en su mano impedir el pacto. Le bastaba haber presentado como innegociable el mencionado escollo, por principios. Por tanto, cuestión ideológica de partido frente a cuestión de Estado en nombre de la seguridad de los españoles.
Ese era el dilema. Y Sánchez decidió con sensatez, como líder de un partido responsable, con sentido de Estado y anclado en la centralidad. Ahí se produjo la convergencia política con Rajoy. Ambos son conscientes del reto en la Europa amenazada por el yihadismo, cuyo zarpazo más cruel ya descargó en España el 11 de marzo de 2004. Los dos saben que nuestro país es lugar de paso en las idas y venidas de los terroristas, lo que nos convierte en frontera permanente con el horror. Actuaron en consecuencia en nombre de un interés superior. Y Sánchez resolvió su dilema haciendo lo correcto. Por un lado, forjar un consenso de Estado. Por otro, presentar una especia de voto particular por el que se compromete a derogar la cadena perpetua cuando llegue al poder y compromete al PP a que, llegado el caso, no utilice esa derogación para cancelar el pacto antiterrorista.
Aún así, ciertas voces se han escuchado que aplauden el valor del pacto pero denuncian la incoherencia de Sánchez por firmar algo con lo que o está de acuerdo. Voces, ellas sí, incoherentes donde las haya. Las mismas que le habrían criticado si, por una discrepancia de partido, se hubiera abstenido de firmar un pacto beneficioso para todos.
Por el mismo precio que algunos cargan el argumento sobre la aparente contradicción de Sánchez se podría cargar sobre el empecinamiento del Gobierno por llevar al Código Penal una figura de dudosa constitucionalidad como la cadena perpetua, lo cual también ponía en peligro la unidad de los dos grandes partidos contra el yihadismo. Al fin y al cabo, no añade mucho a la pena máxima ya contemplada en la legislación: 40 años para delitos de terrorismo.
El PP se salió con la suya, pero el PSOE logró su compromiso para mantener vivo el pacto aunque, llegado el caso, un eventual gobierno socialista retirase del Código Penal la figura de la prisión permanente revisable (artículos 33-35) que, tras su paso por el Parlamento con el voto en contra de los socialistas, está a punto de ser publicada en el BOE.

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