Francisco Muro de Iscar – Francisco inicia el cambio en Roma.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Cuando se va a cumplir el segundo aniversario de su llegada al Pontificado, el Papa Francisco inicia un cambio profundo en la Iglesia de Roma. De los gestos a la acción. De las propuestas a la revolución interna. Lo primero que hizo fue poner orden en las finanzas vaticanas con auditorias e investigaciones realizadas por consultoras independientes, con varios equipos de diferentes países, entre ellos España. La creación de un Ministerio de Economía y de un Consejo supervisor y la reestructuración del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el banco vaticano que tantos disgustos y problemas ha dado a la Iglesia, parece haber solucionado el asunto del dinero, una tentación permanente dentro y fuera de la Iglesia.
Simultáneamente, el Papa creó una especie de Gabinete en la sombra, el C9, compuesto por el secretario de Estado y ocho cardenales provenientes de todas las partes del mundo, que le han ayudado más que a gobernar la Iglesia, a buscar un modelo de reestructuración de la Curia vaticana. Esta segunda revolución, que ha empezado a discutirse esta semana por el Colegio cardenalicio en Roma es mucho más profunda y ha despertado más reservas y más oposición. Lo que el Papa está poniendo en marcha es un cambio de fondo en la manera de gobernar la Iglesia y de mirar hacia la calle, hacia los fieles. Pasar de una Iglesia que tiene su centro en Roma, que mira excesivamente hacia adentro, a una Iglesia de las iglesias locales, de las periferias, esas que tanto defiende Francisco y que representan la Iglesia más viva, más esperanzada, más cerca de Cristo, pero también la Iglesia perseguida, donde ser cristiano lleva inmerso el riesgo de tener que dejar tu país o de perder la vida, como en los primeros tiempos de Cristo.
Francisco va a crear algo parecido a un Consejo de Ministros, que supondrá, más que un Gobierno colegiado una manera permanente de escuchar a todos antes de tomar decisiones. Y también creará dos «superministerios», dos nuevas congregaciones, una de ellas dedicada a los laicos y otra a la caridad. El mensaje es claro: la Iglesia tiene que crecer dando más papel a los laicos y tiene que tener su objetivo en ser fiel a sí misma. «El camino de la Iglesia, acaba de decir Francisco a los nuevos cardenales, es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todos».
El cambio en Roma, que tiene poco eco en los medios españoles, es profundo e intenso. Por eso provoca recelos entre los que temen perder poder. La Iglesia inicia una revolución interna para salir más fortalecida hacia el exterior. Hay que seguirla de cerca. Posiblemente es la única fuerza social que puede devolver al hombre la esperanza en la recuperación de los valores éticos y morales. Francisco acaba de decir que «el mal es contagioso, pero también lo es el bien». Sólo desde esa perspectiva de buscar el bien de todos, el bien común, el bien de los más desfavorecidos, podemos construir un mundo donde merezca la pena vivir.

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