Escaño Cero – «La bronca de Tsipras»


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy está enfadado amén de ofendido porque el jefe del gobierno griego, Alexis Tsipras, ha dicho que tanto España como Portugal mantuvieron una actitud intransigente para con Grecia cuando este país negociaba un acuerdo con la Unión Europea.
La verdad es que no comprendo por qué se han ofendido tanto Rajoy y su colega el Primer Ministro de Portugal Pedro Passos. Lo que ha dicho el jefe de gobierno griego no se aleja mucho de la realidad, y si no acudamos a la hemeroteca y repasemos las declaraciones de nuestro ministro Luis de Guindos, o del propio Mariano Rajoy cada vez que se les preguntaba por las negociaciones de Grecia con la Unión. Si además leemos las crónicas de los corresponsales, e incluso acudimos a revisar los informativos de televisión y de radio, comprobaremos que los gobernantes españoles y portugueses se lo montaron de «duros» con Grecia.
En mi opinión Tsipras acierta cuando señala que la dureza del Gobierno español tiene mucho que ver con el miedo a «Podemos».
La realidad es que no solo el Gobierno español, sino otros muchos gobiernos europeos han visto con enorme preocupación el fenómeno de Syriza.
En el caso del gobierno español la ecuación que se vienen haciendo es simple: si a Syriza le salen las cosas bien eso podría animar a muchos ciudadanos a votar a Podemos porque verían que es posible cambiar no solo la manera de hacer política sino el fondo de la política. Es decir, que hay recetas distintas a la de la austeridad extrema decretada por Alemania que tanto sufrimiento ha provocado en el sur de Europa. Así que ni el gobierno Rajoy, ni el gobierno portugués, ni otros gobiernos, estaban por la labor de facilitar las cosas a Syriza. De manera que el papel de damitas ofendidas es una impostura que chirría.
Cuando Syriza ganó las elecciones aún estaban sobre la mesa unas cuantas exigencias de la Unión Europea, por ejemplo que recortaran más la sanidad pública y las pensiones. Exigencias que hacían sin que se les cayera la cara de vergüenza ni que les temblara la mano sabiendo como sabían que hay millones de hogares griegos que no tienen electricidad porque no la pueden pagar, que la gente no tiene dinero para ir a los hospitales, que millones de niños viven por debajo del umbral de la pobreza y sus madres les dejan en las guarderías y colegios con la esperanza de que allí les den de comer.
Es evidente que si hubiera sido por Alemania y sus satélites, el gobierno español y el portugués, el acuerdo entre Grecia y la UE aún habría sufrido unos cuantos vaivenes, porque parecían querer la rendición incondicional del país heleno. Pero como ha desvelado el propio Tsipras, el papel de Francia ha sido fundamental, pero también el de Estados Unidos que ha sido un actor entre bambalinas.
Es verdad que España ha prestado dinero a Grecia y que lo hizo en un momento en que nuestro país sufría también el envite de la crisis económica. Evidentemente las deudas hay que pagarlas pero también hay que ayudar a que el deudor las pueda pagar y para eso lo que Tsipras pedía era tiempo y una reestructuración de la deuda a lo que se ha venido negando Alemania.
Sí, ha sido más que evidente que a Grecia se le han apretado los tornillos hasta límites increíbles. Y todo porque el color del gobierno griego no le gustaba a Alemania. Tampoco a nuestro gobierno ni al portugués. Las cosas son como son. Así de simple.

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