Fermín Bocos – La patada


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Toda España ha visto las imágenes. Sabiendo que la agresión estaba siendo grabada, fríamente, sin motivo alguno, un joven toma impulso y a la carrera acaba dando una patada a una mujer que al estar de espaldas no vio venir a su agresor. Todos, también, hemos visto cómo al ser derribada y caer al suelo pudo haberse desnucado. De hecho el patadón le ha provocado un esguince en un tobillo. La agresión ocurrió el pasado 22 de febrero en Barcelona. El agresor ha sido identificado (reside en Talavera de la Reina) y tras saber que la Policía le había identificado, decidió entregarse. Está en libertad con cargos. La acusación que pesa sobre él es atípica. Por decirlo suavemente. Está acusado de haber cometido una «falta de vejaciones injustas». Llama la atención esta calificación del hecho cuando, como digo, el video no deja duda alguna acerca de la violencia ejercida y la altísima probabilidad de que el suceso hubiera concluido en lesiones mucho más graves de las sufrida por la víctima. Es de esperar que el juez de Barcelona que se hará cargo del caso proceda a calificar el hecho de otra manera.
La violencia siempre es rechazable. Más aún cuando es gratuita y añade el agravio de la exhibición de las imágenes. Hemos conocido otros casos. Recuerdo el protagonizado por un auténtico miserable, un individuo que atacó en el metro de Madrid a una joven, emigrante, ante el cobarde silencio de otros viajeros que iban en el vagón. Ya se sabe que el violento, por descerebrado, es osado y suele ser un bravucón que amedrenta. También en el caso de esta agresión ocurrida en la Avenida Diagonal de la capital catalana había más gente en la escena. El video lo refleja. Y nadie intervino. Ya digo que la víctima, dentro de todo, tuvo suerte porque al caer hacia atrás podía haberse desnucado. Desde luego una patada tan alevosamente premeditada es algo más que una falta. Algo más que una «vejación injustificada». El desprecio a la víctima que delata la exhibición del video es insoportable. Semejante tropelía ejecutada para su posterior difusión en la Red constituye un hecho de extrema gravedad. En un asunto como este que tantas miradas ha concitado, los ciudadanos están pendientes de la Justicia. Nadie entendería que semejante cafre se fuera de rositas.

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