Victoria Lafora – Una buena candidata.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

No quería saber nada de la política. Dijo dos veces no. Incluso cuando Pablo Iglesias en persona se fue a verla para intentar que encabezara la lista de Podemos al Ayuntamiento de Madrid. Manuela Carmena ha sido un referente en la magistratura española, una juez respetuosa de los derechos humanos, cofundadora de Jueces para la Democracia y que ahora, retirada de los tribunales, sigue apostando por lo que siempre ha creído: la reinserción. Por eso, para ayudar, ha montado una tienda en Malasaña donde se venden objetos de talleres de reinserción.
Honra a los dirigentes de Podemos, tan jóvenes, tan dados a situar a los adversarios políticos en el antiguo régimen, el haber tenido la osadía y la intuición electoral de ofrecer su candidatura a una mujer de setenta años que formó parte, trágicamente, del relato de esa Transición que denostan. Porque Manuela Carmena vivió la tragedia de aquel despacho laboralista de la calle Atocha donde sus compañeros fueron asesinados a tiros por un grupo de fascistas de extrema derecha. Sabe mucho, por tanto, del coste personal, sentimental y político que pagaron los españoles para recuperar la democracia.
Su elección demuestra que Podemos no tiene miedo a las canas y que valora la honestidad, la formación y la experiencia como un bagaje fundamental para ejercer el servicio público. Porque ese es el papel, aunque se nos haya olvidado, que debe cumplir un alcalde.
Carmena ha aceptado el reto a la tercera y si surge otro candidato tendrá que competir en unas primarias para poder enfrentarse a Esperanza Aguirre en las elecciones municipales. Puede que en la decisión de Podemos, tantas veces acusados de tactismo, haya pesado el marketing político y la idea de situar a una mujer de acrisolado progresismo frente a la candidata del PP conservadora hasta las cachas. Pero, en cualquier caso, han acertado en su propuesta a los ciudadanos. También es posible que los otros dos candidatos de la izquierda a la Comunidad de Madrid, Gabilondo por el PSOE y García Montero por IU, hayan obligado al resto de partidos a buscar la excelencia en sus cabezas de lista. Comunidad y Ayuntamiento son tándemes electorales que van inseparablemente unidos, el fracaso de uno puede arrastrar al otro a la oposición. Salvo en el caso de Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, donde la primera ya ha empezado a ningunear a la segunda, la estrategia se comparte.
Mientras las encuestas parecen asentar un modelo de cuatro partidos, prácticamente igualados en sus expectativas electorales, la elección de los candidatos, por lo menos en Madrid, demuestra que la aparición de Podemos y Ciudadanos ha supuesto un revulsivo que ha obligado a todos, menos al PP, a buscar fuera de los aparatos.
También hay que decir que, en el caso de los populares, Mariano Rajoy ha tenido que hacer uso de todas sus tragaderas para proponer a Aguirre. Convencido de que solo un candidato para la derecha en estado puro podía frenar la sangría de votos y retener, aunque sea pactando, el palacio de Cibeles (¡perdón, la Casa de la Villa!).
Ahora la palabra, pero sobre todo el voto, lo tienen los madrileños.

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