Antonio Casado – Inestable Andalucía.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

La noticia de las elecciones andaluzas es el desplome del PP porque puede estar anticipando una victoria relativa del PSOE en las elecciones generales sin que los socialistas tengan necesidad de mejorar la facturación electoral que le atribuyen las encuestas. Tampoco la han tenido que mejorar los socialistas andaluces. Más bien lo contrario, pues han perdido unos 120.000 votos respecto a las elecciones de 2012. Sin embargo, ahí los tenemos celebrando los resultados del domingo como una gran victoria, cuando en realidad no van sobrados para gobernar sin hipotecas y, además, el adelanto electoral de Susana Díaz ha traído nuevos elementos de inestabilidad a la política andaluza.
Si la primera y principal noticia de los resultados electorales en Andalucía es el batacazo del PP, la segunda es la fragmentación del escenario. Ambos rasgos del análisis son trasladables a la orografía política nacional, porque es esa fragmentación, inédita hasta ahora, es la que hace verosímil la eventualidad de que el PSOE pudiera ser primera fuerza en la próximas elecciones generales sólo con mantener la expectativa de voto que hoy por hoy le atribuyen los sondeos electorales. Eso sí, en un escenario de dispersión de fuerzas que le obligaría a gobernar en coalición con otro u otros partidos.
Exactamente lo mismo que le va a ocurrir a Susana Díaz cuando poco a poco se vayan apagando las aclamaciones por su triunfo electoral del domingo y se vaya imponiendo la inapelable aritmética parlamentaria. Por si acaso recordaré que nos muestra un partido ganador con 47 escaños, que ha de gobernar frente a la oposición de 62. Si antes Susana Díaz entendió que su gobierno se tambaleaba asentándose sobre una mayoría absoluta (59 escaños de la coalición PSOE-IU), no sé cómo va a garantizarse la estabilidad ahora con un gobierno asentado solo sobre los 47 escaños socialistas.
Ha de pactar con Podemos a su izquierda o con Ciudadanos a su derecha. Pero ninguno de los dos partidos emergentes está por la labor de convertirse en costaleros de Díaz y de uno de los dos pilares del denostado bipartidismo. En el caso de Podemos, significaría el fin de su aventura de asaltar el cielo. Y Ciudadanos, que también va de subidón, no se retrataría en el escenario andaluz sin esperar que se decanten otros de mayor cuantía en las territoriales de mayo y generales del otoño-invierno.
Hasta entonces, Susana Díaz está abocada a ser investida como presidenta de la Junta por mayoría simple de sus 47 diputados en segunda, tercera o enésima votación (hasta dos meses de margen concede la ley), siempre que se abstenga el PP o el conjunto de los otros 47 (Podemos, Ciudadanos e IU), si la matemática no me falla. ¿Y luego, qué? Insisto: no veo al PP, ni a Podemos, ni a Ciudadanos haciendo el papel de costaleros del PSOE andaluz. Todo lo cual pinta un futuro inmediato incierto e inestable en la política andaluza. Entonces, me pregunto que será exactamente lo que está celebrando la gente de Susana Díaz.
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