Escaño Cero – «Rosa y Marlon Brando»


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Marlon Brando ha dejado dicho que su gran error como actor fue seguir en el escenario cuando ya no había público. Algo así le está empezando a pasar a Rosa Díez que parece negarse a ver como se rompen las costuras de su partido, UpyD.
Pero vayamos por partes. Lo primero que hay que decir es que Rosa Díez tuvo el acierto de poner en marcha UpyD y que gracias a esta formación algunos de los casos más escandalosos de corrupción están hoy en los tribunales.
Díez también ha tenido el acierto de situarse en un espectro político equidistante del PSOE y del PP, manteniendo un discurso progresista en cuestiones sociales e inequívoco en cuanto a que es y debe de ser España.
De manera que son importantes sus aciertos pero acaso la aqueja el síndrome del personalismo. Si, UPyD es su criatura, pero como pasa en la vida hay un día con los hijos crecen tienen ideas propias y se marchan.
Su error es no haber estado atenta a las criticas internas, a quienes vienen señalando su exceso de personalismo. Rosa Díez ha fulminado todas esas voces discrepantes en vez de escuchar.
Otro error ha sido o está siendo no ser capaz de encarar un proceso de acuerdo con Ciudadanos partido que viene a ocupar más o menos su mismo espacio.
Seguramente UPyD y Ciudadanos juntos serían más fuertes porque efectivamente pueden representar el centro.
El caso es que Ciudadanos se está haciendo con el santo y seña del centrismo y ahí están sus excelentes resultados en las elecciones andaluzas donde UPyD se ha estrellado.
Rosa Díaz aún tiene una oportunidad y es liderar la renovación de su propio partido que a lo mejor implica que de un paso atrás por doloroso e injusto que esto le resulte.
Por lo pronto Irene Lozano, Alvaro Anchuelo, Luis de Velasco, David Andina, Rodrigo Tena y Toni Canto entre otros están plantando cara a la situación de crisis de su partido y pidiendo que amen de la autocrítica por el revés electoral andaluza se adopten decisiones para que UpyD no termine naufragando.
La respuesta de Rosa Díez no puede ser más desoladora, porque es la de hacer oídos sordos a todas estas voces que avisan del naufragio.
Los dioses ciegan a los hombres que quieren perder. En este caso parecen haber cegado a Rosa Díez que se niega a ver que cada vez quedan menos espectadores en el escenario y que ha llegado la hora de cambiar los interpretes o al menos dejar el papel protagonista a otros.

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