Fermín Bocos – Volar sin miedo


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Sobre las causas del siniestro total sufrido por el avión de Germanwings en el que han perecido 150 personas, todo son conjeturas. Hasta que no podamos escuchar las conversaciones de los pilotos grabadas en la «caja negra» -registro de los últimos 30 minutos antes de la caída y destrucción de la aeronave-, no empezaremos a salir del mar de dudas que rodea esta tragedia. Hay más preguntas que respuestas. De momento, la hipótesis más plausible acerca de lo ocurrido remite a un posible fallo informático del sistema operativo de la cabina de los pilotos. Para alguno de los expertos que han salido a los medios este supuesto explicaría el porqué del silencio de los pilotos durante los fatídicos ocho últimos minutos del avión antes de estrellarse en los Alpes Franceses. Un silencio que los profesionales explican en razón del protocolo habitual que se sigue en los casos en los que se produce algún fallo que pone en riesgo la navegación. «Primero pilotar, después, navegar y más tarde hablar» -explicaba un comandante con muchas horas de vuelo-. La prioridad en un situación apurada es hacerse con el avión, después vienen las explicaciones. Por desgracia, en el caso que nos ocupa, los pilotos del Airbus A 320 siniestrado no pudieron completar la secuencia. Que no lanzaran un mensaje de socorro no quiere decir que en las conversaciones cruzadas entre ellos a lo largo de los últimos 30 minutos que precedieron a la caída, no comentaran lo que estaba ocurriendo en la cabina. Habrá que esperar a conocer esas grabaciones. Y, para estar definitivamente seguros del factor o factores que provocaron el accidente, esperar, también, a localizar la otra «caja negra», la que registra los datos técnicos que genera la aeronave en el transcurso del vuelo. Prudencia, paciencia y claridad son los tres registros que convendría tener en cuenta en este caso. Prudencia para analizar todas las hipótesis sobre las causas de accidente; paciencia (de los familiares de los viajeros y también por parte de la Prensa) a la hora de exigir rapidez en la identificación de los restos de las víctimas (la vía del ADN es lenta, también tardaran las indemnizaciones de la compañía de seguros ) y, por último, pero no lo último: claridad. Transparencia por parte de las autoridades facilitando toda la información sobre los posibles fallos del sistema informático o sobre eventuales errores de los pilotos que pudieron provocar el accidente. Si se cumplen estas tres premisas volverá el volar sin miedo. Incluso en las compañías «low cost».

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