Francisco Muro de Iscar – El verdadero reto de España


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Discutimos a quién votar, qué pactos hacer o quién debe irse a casa por los resultados electorales, pero nadie habla de verdad de objetivos. Y dentro de los objetivos, del principal: la educación, que supone también la apuesta por un cambio de modelo de formación para llegar a otro modelo de país. Eso incluye desde la formación en valores hasta la indispensable apuesta por la innovación. Gente tan diversa como el ex ministro Josep Piqué o el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, dicen algo que piensan la casi totalidad de los españoles pero que contradicen siempre los partidos que gobiernan: la educación es un asunto de Estado y no se debe cambiar cada vez que cambia un Gobierno.
Hace unos años parecía que España apostaba por ser California, pero nos hemos conformado con ser Florida, con ser un país de servicios en lugar de apostar por la I+D+i. ¿Somos más tontos o menos inteligentes que en Sillicon Valley, por ejemplo? No lo creo. En algunas disciplinas como la ingeniería, la energía, el motor, el turismo o las telecomunicaciones tenemos empresas que se han convertido en multinacionales y lideran sus sectores en el mundo. Nuestras Escuelas de Negocio -IESE, IE, ESADE- encabezan los rankings. En Medicina, disponemos, posiblemente, de los mejores profesionales del mundo. Y, sin embargo, la educación, desde abajo, y la innovación, tanto la que hace el Estado como la que hacen las empresas, son manifiestamente mejorables, por no decir que no damos la talla. Un país que tiene una mala educación, con un alto índice de fracaso escolar, y que no innova sólo puede aspirar a ser un país de servicios.
Mientras países como Alemania no han dejado de invertir más cada año en I+D+i, en España desde 2009 la evolución ha sido a la baja, con reducciones superiores al 5,5 por ciento en 2012 y de casi un 3 por ciento en 2013 hasta llegar a la cifra más baja desde 2006. Ahora que el Gobierno dice que se ha acabado la crisis, no hay señales de que vaya a crecer la inversión en innovación. La brecha de las empresas privadas españolas con las europeas en este terreno es abismal. Y el sector público, que sostenía el patio, se ha venido abajo. Se han perdido casi 11.500 empleos en el sector y recuperarlos será muy difícil.

Posiblemente, el sector público no tiene que ser el que ofrezca más empleos, pero sí debe realizar una intervención estratégica para crear y moldear mercados, para compartir los riesgos con el sector privado -también los beneficios, claro, pero esos acaban llegando siempre que hay innovación- y cambiar el modelo productivo. La productividad no crece con reformas laborales, con reducción de salarios o con más empleos en el sector público. Crece con la inversión en educación, en I+D+i, con la competitividad de la inteligencia. Si el Estado incentivara la innovación, cambiaríamos el modelo de España y podríamos aspirar a ser California. Si nos conformamos con lo que tenemos -el sol, la playa, los servicios- nunca conseguiremos acabar con el desempleo ni tendremos futuro.

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