Charo Zarzalejos – Conversaciones en San Telmo


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Si fuera cierta la aseveración de que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, Susana Díaz tendría un serio problema para su investidura como Presidenta de la Junta de Andalucía. En política las palabras, en demasiadas ocasiones, es como si se las llevara el viento de tal manera que entre lo que se dice y lo que se hace se produce un auténtico abismo que otras palabras se encargan de explicar que no, que no hay abismo, que en realidad es un ejercicio de responsabilidad.
Y esto es lo que espera Susana Díaz, que haya responsabilidad en los grupos de Oposición y estos le faciliten la tarea para su investidura porque ella ha decidido pactar «con la gente», según reiteró en su personalísima campaña electoral. Ni con el PP ni con Podemos, sino con la «gente», dijo de manera reiterada pensando, quizá, que el resultado final iba a ser más cómodo, más próximo a la mayoría absoluta. Pero las urnas le han dejado a ocho escaños de la mayoría absoluta y, cuando menos, necesita pactar la abstención de Ciudadanos o de Podemos. A Susana Días no le va a bastar con «dialogar». En contra de sus deseos se ve abocada al pacto porque la abstención, toda la vida, ha tenido su precio.
El PP-A ya ha dicho de manera publica y oficial que no va a facilitar «en ninguna votación» la investidura de Díaz. Lo hará sin pactar con nadie. Sus 33 escaños irán en solitario. Votarán que no, y punto. Cosa distinta sería si Rajoy y Pedro Sánchez llegaran a un acuerdo, también público y oficial, de respeto a la lista más votada cara a las municipales y autonómicas del mes de Mayo. Este acuerdo es impensable y como Susana Díaz «ha despreciado de manera sistemática nuestro eventual apoyo y además sabemos que a nada que puedan los socialistas nos pondrán en la calle salvo que obtengamos mayorías absolutas, no hay nada que nos ate. Ella ha ganado las elecciones y ella es la que tiene que gestionar su propia situación».
De este modo, el PP andaluz deja la pelota en el tejado de los llamados «emergentes». Podemos y Ciudadanos y la propia Susana Díaz tendrán que decidir que hacer con sus escaños. Sería curioso ver cómo se explica un eventual pacto entre el socialismo andaluz y Podemos de Andalucía que no es exactamente el Podemos de Pablo Iglesias y, desde luego, no deja de tener su interés imaginar un acuerdo con Ciudadanos. Podría ocurrir que los que han llegado para cambiar la política de siempre apoyaran a lo de siempre que en el caso andaluz es el PSOE por mucho que Susana Díaz haya relegado las siglas casi hasta la invisibilidad.
No hay que esperar resultados inmediatos. El calendario oficial permite a Susana Díaz, y a todos los demás, no fijar posición definitiva hasta después de la cita de Mayo y eso es probablemente lo que ocurra. Inmersos como estamos en un auténtico bucle electoral ni Podemos ni Ciudadanos se pueden permitir el lujo de dar un paso en falso, de tomar decisiones que requerirían de muchas explicaciones, salvo, claro está, que Susana Díaz asumiera las líneas rojas y las propuestas que pongan como precio para una eventual abstención. En ese caso, Susana Díaz y de rebote el propio Pedro Sánchez serian los impelidos a hacer entender a la opinión pública que, por ejemplo, con Podemos si se puede.
Adelantando elecciones, Susana Díaz es probable que haya frenado a Podemos y ha dejado claro que el bipartidismo está dañado, muy dañado, pero no muerto. Pero si de lo que se trataba era de gobernar sin ataduras ni sobresaltos; es decir con estabilidad, eso, precisamente es lo que no ha logrado y quienes pueden dársela se van a vender caros a no ser que Podemos sea realmente una formación socialdemócrata como ha dicho Zapatero.
Dando por descontado que la investidura no se va a producir en la primera votación, las conversaciones de San Telmo se presentan interesantes, complejas y además van para largo.

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