Más que palabras – El «puta loca» y los silencios cómplices


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Es una asunto muy feo, demasiado turbio y ha habido demasiados silencios cómplices por parte de muchas mujeres que, en otras ocasiones, han levantado su voz firme y progresista ante un presunto caso de violencia machista. Nos matan y esos asesinos nos saben de ideologías. Nos apalean y no preguntan a quien votamos. Nos insultan gravemente, nos humillan hasta doblegar nuestra voluntad y nos hacen sentir peor que nada y eso no entiende de siglas, ni de estrategias partidistas. Nos han dicho que ellos estos asesinos y maltratadores, son camaleónicos.
Animales que mutan y se transforman, que, de puertas afuera de su hogar, son personas educadas, amables, encantadoras, buenos vecinos, atentos ciudadanos pero que cuando cierran la puerta de su casa se transforman en seres despiadados, depredadores que aterrorizan a base de golpes e insultos a quienes deberían proteger. Nos ha dicho que desconfiemos de las falsas apariencias y que estemos prevenidas, pero nadie nos ha prevenido de que antes veamos si tienen o no carné de un partido u otro.
Hace años muchas profesionales de distintos ámbitos colaboramos para que el Gobierno de turno consiguiera sacar adelante, por unanimidad con el resto de los grupos parlamentarios, la ley integral contra la violencia de género. Finalmente fue el ministro de justicia de Zapatero Juan Fernando López Aguilar el encargado de aprobar el 28 de diciembre del 2004, la ley, la primera del recién llegado gobierno socialista que, pese a los esfuerzos, no ha dado respuesta ni ha sido la solución a esta terrible lacra.
Entrevisté al Ministro muchas veces mientras se mantuvo en el cargo y siempre le pregunté por la ley y si el Estado protegía de manera eficaz a un sector tan vulnerable. Sus respuestas eran tan rotundas, tan elaboradas, que cuando surgió la noticia de su presunta implicación en un delito de violencia machista, inicialmente, me pareció impensable que ese hombre de aspecto educado y tranquilo, un constitucionalista de primer nivel y con un currículum político y profesional tan impresionante, presuntamente al entrar en su hogar desatara al monstruo brutal que los maltratadores llevan dentro. Ahora, una vez leído el informe policial con testimonios de vecinos, de familiares de su ex mujer y de sus propios hijos pequeños estoy desconcertada y también dolida por la equidistancia de algunas mujeres a las que respeto profundamente. No pienso ni quiero violentar la presunción de inocencia de López Aguilar pero la vara de medir con él no será diferente de con el resto de presuntos implicados en un delito de este tipo.
Varios vecinos han hablado de insultos, gritos, golpes en paredes, portazos, incluso empujones, en el portal de la casa y la hermana de su exmujer ha denunciado que «hace aproximadamente siete años que su hermana viene demostrando signos de malos tratos por parte de su marido».
Recordó como hace dos años cuando su hermana bañaba a los hijos menores del matrimonio «se le acercó su pareja por detrás cogiéndole por la cara y estirando hacia atrás, logrando zafarse, y recibiendo, posteriormente, un golpe en la cabeza con una palangana y todo ello en presencia de los menores que le preguntaban a su madre ¿qué te quería hacer papá en la cara?. También contó que el exministro llamaba a su mujer «puta loca» o «gorda» y que le espetaba que «merezco una mujer con mas tetas que tú».
El relato es tan brutal que Pedro Sánchez ha obrado acertadamente al decidir actuar con contundencia, suspenderle de militancia cautelarmente y expulsarle del grupo socialista del Parlamento Europeo. Si tal como el exministro sostiene todo esto fuera falso, un acto de venganza de su familia política y fruto de un complicado divorcio, el PSOE tiene instrumentos de sobra para restituir su honorabilidad y seguramente será tratado mucho mejor que cualquier otro hombre al que se le haya presentado una denuncia falsa. Precisamente esta posibilidad está siendo aprovechada, torticeramente, por algunos para defender que, con la actual ley, se presume la culpabilidad del denunciado y se vulnera el principio Constitucional de que todas y todos somos iguales ante la ley. No niego que haya una discriminación en ese sentido, pero por una denuncia falsa, hay miles que no lo son y ahí están las muertes que se producen cada año por la violencia machista y las víctimas son mujeres (51 en el 2014), no hombres.
Este asunto ha abierto otro debate interesante: el hecho de si, por un caso así, un político debe ser juzgado por el Tribunal Supremo, debido a su aforamiento y no por el juez ordinario. Creo que cuando se trata de un tema privado no hay beneficios que valgan y el aforamiento debería desaparecer. Sea como fuere sigo echando de menos en este asunto voces de mujeres progresistas políticas y de otros ámbitos profesionales que siempre la han alzado cuando el acto machista se producía en otros partidos. ¿Dónde están ahora? ¿o es que las bofetadas, los insultos y las agresiones tienen que llevar el marchamo de un determinado partido político para ser criticado?.
Si finalmente Juan Fernando López Aguilar, como él dice, es víctima de una denuncia falsa, «me atacan donde más me duele: en mi honorabilidad», yo seré la primera en denunciar el abuso pero no por el carné de su partido sino por justicia.

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