Charo Zarzalejos – Susana y el pacto con la gente.


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Su triunfo en las elecciones andaluzas es incuestionable pero ello no ha impedido, no está impidiendo que su investidura se haya convertido en un proceso mas tortuoso de lo que imaginaba. Susana Díaz está callada y casi desaparecida a la espera de que las demás fuerzas políticas «hagan un ejercicio de responsabilidad». Tanto están esperando, tan largo se les está haciendo este recorrido que el portavoz socialista Mario Jiménez salió a la palestra pública para decir que los contactos iban avanzando. Apenas había abandonado el micrófono, tanto Podemos como Ciudadanos puntualizaron la situación con un desmentido rotundo. No hay avance alguno, dijeron.
Ningún grupo de Oposición está por la tarea de hacer fáciles las cosas a Susana Díaz a quien todos recuerdan que si convocó elecciones fue porque le dio la gana, porque había establecido sus hipótesis y realizado sus cálculos, pero no porque no pudiera gobernar. Tenía el presupuesto aprobado y además fue el PP el que se ofreció a dar estabilidad para agotar la legislatura. No entienden, ni el PP no ningún otro partido que Díaz pida responsabilidad cuando ella tomó una decisión que muchos calificaron de irresponsable y más llamativo resulta que apele a la responsabilidad como si la política fuera una ONG.
Susana Díaz basó buena parte de su campaña en la máxima de que lo suyo era el «pacto con la gente». La frase es redonda. Suena bien. Son de esas frases que arrancan aplausos pero que a la hora de la verdad se quedan en eso, en una frase que para campaña puede resultar ocurrente pero que a la hora de la verdad, coloca a la política en un mundo inexistente. ¿en qué consiste el pacto con la gente?. ¿Quién o quiénes son esa gente?.
Es verdad que la coyuntura electoral que vive el conjunto de España no ayuda a los pactos. Todos, incluso los nuevos pareciéndose así a los viejos, hacen sus cálculos y quieren guardar las espaldas por lo que pueda ocurrir. Pero más allá de esta circunstancia, que no es menor, no estaría mal que, ahora que estamos en campaña, los candidatos renuncien a las frases hechas y biensonantes. No está el panorama para frases tipo Heidi. Al contrario. El panorama que tenemos por delante es un panorama de una lucha sin tregua por el poder. Cristina Cifuentes lo tiene bien claro: con el PSOE aunque Gabilondo estuviera dispuesto a ello, va ser difícil el pacto porque en Ferraz se ha decidido que con el PP ni a heredar.
En Andalucía, lo previsible, es que al final se llegue a algún tipo de acuerdo que impida la convocatoria de unas nuevas elecciones. Mientras tanto, la figura de Susana Díaz esta sufriendo un desgaste evidente. No es una mujer a la que le falte poderío pero hoy Susana Díaz está menos fuerte que antes de convocar elecciones. Gano los comicios pero ha perdido en sus previsiones y los tiempos de espera, en política, nunca fortalecen.
El proceso de investidura de Susana Díaz debería servir para extraer algunas conclusiones, como, por ejemplo, que toda decisión política tiene sus consecuencias y la decisión de adelantar elecciones nunca sale gratis. Se podría concluir también que aquí nadie da duros a cuatro pesetas y que todo pacto tiene su precio y como el pacto es y va a ser imprescindible bueno seria que nadie se pusiera estupendo de antemano, saber que lo que hagas te harán y que los llamados emergentes vienen a por todas. No a por todas las sillas, que si pueden también, sino a poner entre la espada y la pared a los llamados «viejos partidos», incluido el PSOE que en Murcia ha firmado con el resto de los partidos de izquierda –UPyD, también– una especie de pacto del Tinel de manera que al PP, ni agua. No es de extrañar que Ciudadanos vaya para arriba. Cuando Rivera dice que ellos no tienen enemigos, que lo que tienen son compatriotas inyecta una dosis de bálsamo político que viejos y jóvenes agradecen.
Humildad y realismo se imponen por encima de cualquier otra estrategia porque eso de pactar con la «gente» es una entelequia para arrancar cuatro aplausos. Luego pasa lo que pasa, que tiene que salir Mario Jiménez y, a modo de terapia de grupo, tiene que decir a los suyos –el mensaje era interno– que las cosas avanzan cuando la realidad es que la investidura de Susana Díaz es un proceso lento y tortuoso. No contaban con tanto.

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