Fermín Bocos – Segunda Vuelta


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Cuando la política se estanca y tras unas elecciones, ningún partido consigue mayoría suficiente porque la fragmentación del electorado hace difícil formar coaliciones de gobierno, lo inteligente sería abrir un debate acerca de la conveniencia de cambiar el sistema. Cambiar la Ley Electoral no es tarea de hoy, pero sí para el día de mañana.
Cambiar la norma. Un ciudadano, un voto (retirando así el privilegio del que llevan años beneficiándose los partidos nacionalistas que no compiten en todo el territorio nacional) y, tras fijar un porcentaje elevado de apoyos -en Italia, Mateo Renzi acaba de establecerlo en el 40%- caso de que ningún partido lo logre, ir a una segunda vuelta. Repetir las elecciones a la manera como ocurre en Francia con las elecciones presidenciales. En el país vecino este sistema les permite en cada oportunidad decantar la esencia de las preferencias populares al tiempo que, en la primera vuelta, revelan la radiografía de las preferencias ideológicas, emocionales y políticas del conjunto de la sociedad francesa. Después, puesto que gobernar es elegir y formar Gobierno exige disponer de un apoyo parlamentario estable, es cuando mediante el segundo voto -«voto responsable»-, los electores deciden pasar de las musas al teatro cambiando el voto para sumar o, abstenerse renunciando a participar en el juego en esta segunda instancia. El sistema tiene ventajas e inconvenientes. El más destacado el que se deriva del riesgo de polarización de la vida política con peligro de fractura en la circunstancia de comunidades poco estructuradas socialmente. No sería, desde luego, el caso de España, como no lo es en Francia dónde la extrema derecha y la extrema izquierda muestran su fuerza en la primera vuelta para diluirse después bien en el voto de los primeros al centro-derecha o de los otros al Partido Socialista. Cuando no se quedan en la abstención. El resultado es que al margen de la habilidad de los sucesivos gobernantes, Francia disfruta de gran estabilidad política. Un bien político a tener en cuenta. Traído de lo general a lo particular y en visto el panorama que avizoran las encuestas quizá sería el momento de abrir el debate entre nosotros. No lo apunto en relación con lo que está pasando en Andalucía con la elección de Susana Díaz o de lo que parece que puede ocurrir en otras autonomías y ayuntamientos (Madrid, Barcelona, Valencia, etc.), porque a estas alturas de la película el proceso electoral abierto debe concluir con arreglo a la vigente Ley Electoral, pero no estaría demás, empezar a pensar en el mañana y en cómo mejorar la representación de la voluntad popular.

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